En la actualidad se considera que el fenómeno de la explotación sexual en niños y adolescentes es una situación que va en aumento y que es “favorecido por la falta de una adecuada toma de conciencia de los derechos, el bienestar y la seguridad de los niños y adolescentes” (Miotto, 2009, pág. 2) es además un problema de magnitud internacional y que pone en riesgo el lugar del niño y del adolescente como sujeto de derecho, la dignidad y que pone en evidencia las serias dificultades nacionales, estatales e internacionales que procuran el cuidado de la infancia y la adolescencia, mientras que se insiste en el inmenso valor de estos en todos los sentidos de lo biopsicosocial, económico, político y gubernamental.
La explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes –ESCNNA– existe en el mundo desde hace años; el afianzamiento a nivel mundial de un modelo social y económico, basado en el mercado y el proceso de globalización e internacionalización del mercado de capitales, ha generado un contexto específico para la existencia y el desarrollo de la ESCNNA (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006, p. 25).
Miotto (2009) define tres (3) formas tradicionales de explotación sexual: 1. Prostitución de niños y adolescentes, 2. Pornografía infanto-adolescente y 3. Tráfico de niños y adolescentes para su explotación sexual, lo anterior considerando al niño y al adolescente como objeto de satisfacción sexual en distintas categorías del mercado de lo sexual, que demanda un objeto preciso y un recurso especifico que convierte al niño o adolescente un ente a ser consumido. Y “la utilización de NNA en pornografía puede inducir o estar asociada a otras formas de explotación sexual” (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006, p. 192)
En ese sentido en Colombia el Plan De Acción Nacional para la Prevención y Erradicación de la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes menores de 18 años (2006) ha definido las categorías que pertenecen a esta problemática conceptualizando los términos de explotación, sexual y comercial en el hecho.
Se caracteriza como explotación porque es una forma de aprovechamiento, dominación, coerción, manipulación, y en algunos casos de sometimiento a servidumbre de niños y niñas. Se dice sexual porque se ejerce primariamente sobre el cuerpo del NNA, asumido como un objeto para proporcionar placer, excitación o gratificación. Esta utilización puede ser física, directa o “representada”.
Se dice comercial porque implica en todos los casos una transacción económica: un intercambio entre una persona adulta (cliente-explotador) y el NNA, o entre aquélla y uno o varios intermediarios que directa o indirectamente se lucran de dicha transacción; aquí prima el interés comercial, la búsqueda de ganancia, la conversión del niño, niña o adolescente en una mercancía, en un objeto con valor de cambio (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006, p. 189).
A lo que la Interpol también define como:
El Grupo de Interpol Especializado en Crímenes contra los Niños utiliza la siguiente definición: La pornografía infantil se crea como consecuencia de la explotación o abuso de un niño. Puede definirse como toda forma de representación o promoción de la explotación sexual de los niños, incluidos los materiales escritos y de audio, que se concentren en la conducta sexual o los órganos genitales de los niños (Da Rosa, s. f).
Por lo anterior esta problemática se configura en un hecho donde se saca provecho de la condición infantil o adolescente con un carácter de explotación, específicamente del cuerpo con fines económicos. Sin embargo, esto no es lo único que se juega aquí, existen entonces quienes son los actores de esta situación son los proxenetas, los intermediarios y los clientes. (Di Filippo, Monroy, 2002; García, 2010)
Proxeneta: Es un hombre o mujer quien contacta, induce, facilita o establece la relación entre el NNA y el cliente-abusador. Generalmente controlan el dinero y efectúan la negociación, razón por la cual también reciben el nombre de chulos. Aunque en ocasiones actúan solos, frecuentemente hacen parte de redes o grupos.
Los intermediarios: En esta categoría se ubican quienes se benefician indirectamente por ayudar a facilitar el contacto sexual entre los NNA y el explotador o proxeneta. Suelen ser intermediarios distintas personas como taxistas, botones de hoteles, dueños de residencias, vendedores informales, los pares de parche o pandilla, a veces vecinos o familiares.
El “Cliente” Todo individuo “que se aprovecha injustamente de algún desequilibrio de poder entre ellos y una persona menor de 18 años con el fin de usarlos sexualmente, ya sea para obtener beneficios materiales o por placer personal”. De acuerdo con diferentes investigaciones este puede ser de cualquier condición social, nivel educativo, casado o soltero, hombre o mujer (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006, p. 191).
Adicional a ello, las modalidades de la explotación sexual se refieren a la prostitución, pornografía, utilización sexual en actividades vinculadas al turismo o turismo sexual, trata de niños, niñas o adolescentes con fines sexuales, matrimonios serviles, utilización sexual de niños, niñas o adolescentes por distintos grupos armados ilegales. (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006)Para fines de este documento se define la modalidad referida a la prostitución y la pornografía.
… la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía definen la prostitución como “la utilización de un niño en actividades sexuales a cambio de remuneración o cualquier otra forma de retribución”. La utilización de menores de 18 años en la prostitución se presenta en algunos espacios identificados en las ciudades (algunas calles, ciertos parques y negocios como whiskerías o residencias). Sin embargo, de una forma más invisible, se da en colegios, discotecas, parques, video juegos y otros centros de diversión o de recreación y deporte. La pornografía con NNA es entendida como “toda representación, por cualquier medio de comunicación, de un niño o niña menor de 18 años de edad, o con aspecto de niño o niña, involucrado en actividades sexuales reales o simuladas, de manera explícita o sugerida, con cualquier fin”. Comprende tanto la producción como la distribución, comercialización, tenencia, divulgación, intercambio y almacenamiento de este tipo de materiales. Según los contenidos se habla de pornografía blanda y pornografía dura. La primera hace referencia a imágenes desnudas y seductoras de NNA que no son sexualmente explícitas, mientras la segunda involucra la exhibición de imágenes de acceso carnal y/o actos sexuales con NNA (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006, p. 191).
La ECPAT entidad internacional sin ánimo de lucro denuncia las situaciones referidas a la pornografía y prostitución infantil y reitera la necesidad de acciones que hagan frente a ello, y evidencia además la trata de menores de edad. Para ésta entidad la prostitución infantil ocurre cuando:
Child Prostitution occurs when someone benefits from a commercial transaction in which a child is made available for sexual purposes. Children are also involved in prostitution when they engage in sex in return for basic needs such as food, shelter or safety, or pocket money to purchase consumer goods. A child cannot consent to being prostituted and in all instances, abusers are exploiting the vulnerabilities of the child for their own gratification. ECPAT works towards the end of child prostitution (ECPAT, 2015)
Y se refiere a la pornografía de la siguiente forma:
Child pornography means any representation of a child engaged in real or simulated sexual activities or any representation of a child for primarily sexual purposes. Since the rise of the Internet, the sheer scale of child pornography online has become overwhelming (ECPAT, 2015).
Sin embargo ni la prostitución ni la pornografía es privada, están a la luz del día en todas sus formas, y de maneras de diverso acceso al “cliente”, es decir a quien acude a este “servicio”. Representándose en un negocio, en una ganancia y da lugar a sus formas transaccionales.
La pornografía se produce con fines de lucro, circulación e intercambio, con fines delictivos (chantaje, trata, etc.) y para uso personal. Se puede encontrar en revistas, libros, Internet, programas de radio, películas, dibujos animados, etc., lo cual dificulta su control. En Colombia, en el 2004, se definieron los criterios de clasificación de pornografía infantil por Internet, en el marco de la Ley 679 de 2001 (ICBF - Unicef - OIT – IPEC - Fundación Renacer, 2006, p. 192).
Es decir, que la sexualidad ha pasado de ser una condición privada a una condición visible y pública, de fácil acceso, y los recursos tecnológicos han vehiculizado el deseo irrefrenable de la sexualidad a una amplia gama de opciones que promueven una búsqueda constante de ella, con el contraste de no querer mostrarse y al tiempo mostrar todo lo que a este se refiere. “La pornografía muestra con crudeza absoluta” (COMFER, s. f) la pornografía tiene un carácter burdo, soez, y en tal manera es recreada la presencia del menor en el escenario de la pornografía, en calidad de objeto para ser consumido, abusado, violentado, etc.
Pornografía y Prostitución. Un Síntoma Contemporáneo
A nivel internacional y nacional, existe una particular relación entre la pornografía y prostitución y la actualidad en las redes de comunicación, en especial del internet y el mundo virtual. Es decir, que escenario asociado y particular de la pornografía y prostitución se vehiculiza, se sostiene y prolifera en particular gracias a la condición misma de lo virtual. Así García (2009) considera que:
El crecimiento de Internet, y la evolución en sí a distintas nuevas formas de comunicación, ha provocado que el consumo y distribución de la pornografía infantil, haya desgraciadamente aumentado con el paso de los años, la rapidez con que se adquieren los software (gratuitos en muchos casos) y su fácil uso, inclusive por menores de edad, la tecnología de punta (cámaras digitales, celulares y cámaras web), que ofrece equipos que se caracterizan por ser cada vez más pequeños y fáciles de transportar y que ya no necesitan de proceso alguno para poder utilizar lo producido, la inmensa rentabilidad que produce hoy en día la Pornografía Infantil y la Explotación Sexual Comercial de menores que generan mayores ganancias que el tráfico de armas y el tráfico ilícito de drogas. Se calcula que sólo la Pornografía Infantil genera 12 mil millones de dólares al año en ganancias en todo el mundo (p. 14).
Y afirma Esquinas (2006) que:
En la era de la información y de las telecomunicaciones, dicho tráfico se localiza en una proporción mayoritaria en el marco de Internet, de manera que todos los sujetos intervinientes en tales contactos, tanto los consumidores como los productores y eventuales distribuidores de similares contenidos se benefician de las considerables ventajas que dicho escenario físico y económico reporta: a saber, en cuanto a la fluidez de los enlaces, el carácter gratuito para los usuarios de un buen número de servicios (acceso a páginas webs, chats, uso de una cuenta de correo electrónico, etc.) y la facilidad para ocultar la propia identidad durante el tiempo en que se utilizan tales servicios, e incluso en el caso de que se pongan en circulación o a disposición pública determinados datos (p. 171).
En este sentido Mass Torres (2010) señala que la contemporaneidad es escenario de un abordaje permanente sobre todo y en particular de los contextos virtuales en los que se mueve el sujeto posmoderno, que puede incluso constituirse en caldo de cultivo para adicciones o síntomas contemporáneos, “… reflexión en torno al lugar del sujeto en la era virtual, orientado al planteamiento de la subjetividad con respecto al goce que particularmente moviliza a un sujeto a elegir en lo virtual algo que engancha con su propio inconsciente.” (Mass, 2010, p. 91)
Las condiciones de la época actual, entre lo que destaca la proliferación de dispositivos electrónicos favorecen la cuestión de goces irrefrenables, rápidos, fugaces y no sancionables, especialmente en la medida en que la no existiría una ética virtual, y lo sancionable, punible o susceptible de ser dañino a los usuarios se determina en la medida en que sucede. Mass Torres (2010) señala por ejemplo que “Freud nos anticipa hacia una época que compete a las tendencias actuales subjetivas, trascendentes del principio de placer que sentencia los límites de goce. Resultante de una satisfacción desbordada que ilustra la dinámica de una cultura actual.” (p.92) y continua Mass Torres (2010) al referirse a las dificultades del orden simbólico y la relación en la falta de limitaciones.
El orden simbólico parece trastabillar en el contexto contemporáneo, donde pareciera ofertarse el facilismo de goces. Orden de la sexualidad; que ahora compaginada a una virtualización, nos ilustraría lo ilimitado de un mundo de imágenes que puedan enganchar hacia la falta de limitaciones (p. 2).
Cuestión que es puesta de manifiesto por Miller (2005) al decir que “Se podría creer, al contrario, que lo simbólico se consagra a la imagen…” (p. 15) a lo que Ramírez (2014) considera “… lo simbólico en la contemporaneidad ésta activo, pero no tiene la suficiente potencia para atravesar lo imaginario y más bien se subordina a este último” (p. 33) es decir que todo queda enmarcado en el escenario de la imagen, y por encima de lo simbólico, razón por la cual ninguna sanción es eficiente.
Baudrillard (2000) se refiere a la condición virtual como falsa y efímera, a la manera de un señuelo.
La virtualidad solo se aproxima a la felicidad porque nos reitera subrepticiamente cualquier referencia a las cosas. Nos da todo, pero de manera sutil nos escamotea al mismo tiempo todo. El sujeto se realiza en ella perfectamente, pero cuando el sujeto está perfectamente realizado, se convierte automáticamente en objeto y cunde el pánico (p. xiii).
Así las cosas, la condición de lo virtual rápida, fugaz a la manera de “vendedor de ilusiones” favorece goces irrefrenables a saber el consumo permanente de medios de fácil acceso, sin costo, privado y distante del encuentro con el otro, más aun cuando lo virtual tiene la particularidad de “… de hacer que el rostro de los usuarios permanezca oculto cuando se desea” (Ramírez, 2014, p. 36)
Ramírez (2014) haciendo referencia a la diferencia entre la vida real y vida virtual sostiene que:
Se plantea que hay un desprendimiento del campo del deber y algunas necesidades para poder “estar ahí”, en la red virtual. Esta referencia a las necesidades permite describir cómo entra el ser humanos en este campo y con qué se encuentra sorpresivamente siguiendo esta vía, un encuentro que le permite penetrar en una red de relaciones que ya no están mediadas por la necesidad, sino por otros aspectos de la subjetividad (p. 2).
Entonces la pornografía y prostitución infantil se constituye en un objeto de consumo, vehiculizado, sostenido y que prolifera gracias a lo virtual, pero que al tiempo se encuentra con los goces irrefrenables de los sujetos que la consumen, es decir “… un modo de satisfacción que se coloca más allá de la necesidad y del deber” (Ramírez, 2014, p. 5) Y que pone en consideración que el “Goce irrenunciable que lleva un sujeto a elegir de manera sostenida un modo particular de relación, a la que precisamente debe ser abordada a partir de la interrogación por la subjetividad, ahora en una cultura plena de artefactos.” (Mass Torres, 2010, p.93)
En este sentido es de pensar que lo virtual tiene el efecto señuelo (Ramírez, 2014) es decir un efecto engañoso y vedado, pero al mismo tiempo real y mercantil, y que “… ofrecen a los usuarios infinitas posibilidades en virtual, de los cuales, al parecer, todo es posible…” (Ramírez, 2014, p. 32) un velo que vislumbra algo por encima del escenario virtual, más allá de lo virtual “… el sujeto entraría en una relación con algo que lo captura, lo engancha, algo que resplandece más allá de la pantalla.” (Ramírez, 2014, p. 34) sin embargo al tiempo que resplandece ese algo que captura, irremediablemente evidencia la falta de la que el sujeto se encuentra a merced, cuestión que retorna en la persistente relación con lo virtual, Ramírez (2014) señala “En el esquema del velo, Lacan sitúa el sujeto, el velo y, más allá, el objeto, en el lugar de la falta” (p. 34)
Ahora bien, en relación a lo virtual y la condición de señuelo, será apropiado decir que la definición de señuelo hacer referencia en particular a este estudio a “cosa que sirve para atraer, persuadir o inducir, con alguna falacia” (RAE, 2015) así las cosas lo virtual se ofrece como atractivo de la condición humana, especialmente sexual, en razón de los escenarios expresados- pornografía y prostitución infantil- poniendo de manifiesto objetos expuestos, objetos consumo y la falta. Quéau (1995) refiere que “Lo que anuda en los mundos virtuales es un enmarañamiento cada vez más fino entre lo real y lo virtual, lo actual y lo potencial, entre lo sensible y lo intangible” (p. 82-83) mientras que Mass Torres (2010) citando a Sara Wajnsztejn (1997) refiere que “la realidad virtual es de algún modo la culminación de un proceso de abstracción progresivo que tiende a volatizar las relaciones humanas y los procesos de vida cotidiana” (p. 92) es decir que lo virtual se ofrece como garante de extrema satisfacción, en ocasiones sin límite entre lo público y o privado, y con mucha frecuencia con una idea sobrevalorada de las cosas y situaciones.
El Cuerpo del Niño como Objeto de Consumo
La época actual se caracteriza por la búsqueda irrefrenable de placer “Permanecer joven, no envejecer: el mismo imperativo de funcionalidad pura, el mismo imperativo de reciclaje, el mismo imperativo de desubstancialización acosando los estigmas del tiempo a fin de disolver las heterogeneidades de la edad” (Lipovetsky, 2003, p. 62) que en general promociona una filosofía de vida, de la eterna juventud, la proximidad de lo placentero y la posibilidad del “todo vale”, situación que colinda con la vivencia de la inmediatez de los deseos, y del poco esfuerzo: es el caso del poder incomparable que oferta la internet a través de su uso irresistible para comprar, pagar servicios, estudiar, solicitar citas, la “telemedicina” con sus diagnósticos inmediatos e incluso asistir a una conferencia desde cualquier parte del mundo. Bernal (2009) señala que:
Dicha crisis también se ve reflejada en una serie de fenómenos actuales como el cambio de los valores socioculturales, familiares y personales, la violencia intrafamiliar, la destitución de la figura y la función paterna dentro de la institución familiar, el madresolterismo y las toxicomanías, fenómenos todos que se convierten en «caldo de cultivo» para la aparición de la explotación sexual infantil (p. 1).
Si bien es cierto el cuerpo a adquirido un “valor” durante cada época histórica en la actualidad este puede considerarse como un objeto mercantil que puede exhibirse, asegurarse, comprarse y manipularse, sin desestimarse su valoración sexual con su inmortalidad fantaseada.
Ahora bien, este estatuto del cuerpo (sexualizado e inmortalizado) al corriente de las ofertas sociales: publicitarias, mercantiles, laborales, etc. Pone en consideración su relación con el individuo, esto es, la manera como el uso del cuerpo se ha operativizado como un objeto más de las propiedades humanas y sociales. A lo que Bernal (2009) se refiere:
La explotación sexual infantil con fines de prostitución y pornografía, lo cual se puede pensar como una forma de abuso sexual en los niños, son fenómenos ligados a lo que se denomina corrientemente «la crisis de la contemporaneidad», la cual es un efecto de la actual sociedad de consumo, resultante del matrimonio entre la ciencia y el mercado, unidos para explotar el deseo del hombre con el capitalismo (p. 1).
Esta pertenencia del cuerpo permite poner sobre lupa como su manejo cotidiano ha incluido usos que paradójicamente atentan contra su integridad. El cuerpo entonces en tanto propiedad del sujeto, puede convertirse en un objeto mercantil y comercializable para otro (s), con fines de lucro, que arbitrariamente o no toman posesión de éste.
Como acontecimiento particular del uso del cuerpo con fines lucrativos y como esto pone a disposición de cualquiera que en calidad de “cliente” pueda aplicar usos y abusos al cuerpo de un niño. Tal situación corresponde con las condiciones que impone la pornografía infantil como fenómeno que pone en cuestión tener presente los fundamentos profundos en la línea de la constitución psíquica y sexual del menor, más allá del reporte de sus cifras y estadísticas, que de acuerdo con Camacho y Trujillo (2009) “Se estima que en el mundo existen alrededor de 10 millones de menores de edad explotados y explotadas sexualmente y América Latina aporta una cifra considerable.” (p. 1010). Pero firman también que “Aunque en Colombia no existen datos precisos sobre el número de niños, niñas y adolescentes que están involucrados en este delito, es claro que se trata de un problema que crece día a día y que es necesario combatir.” (p. 1010) entonces la explotación sexual infantil es “un ejercicio de poder que mercantiliza el abuso sexual de niñas, niños y adolescentes, con el fin de que los explotadores, casi siempre hombres adultos, obtengan alguna ganancia financiera o alguna satisfacción social, psicológica o de cualquiera otra especie.” (Gutiérrez, Vega, & Rodríguez, 2007, p. 404)
Se trata de determinar como aquellos factores concernientes al desarrollo de lo que Freud avizoró como sexualidad infantil, permite dar cuenta de cómo el fenómeno de la explotación sexual del menor implica la mediación de complejos psíquicos, fantasías, pulsiones sexuales, etc., en la dinámica no solo individual, son también cultural, que compromete el cuerpo del niño, y que también involucra al adulto que ve ahí la oportunidad de capitalizar un negocio y de aquel que fija al menor como un objeto de satisfacción.
Siendo entonces el psicoanálisis una disciplina comprometida con la comprensión de los procesos psíquicos inconscientes, (Merea, 1994; Nasio, 1998; Cosentino, 1999; Coblence, 2003; Salcedo, 2013; Jaramillo, 2014) permite rendir contribuciones importantes acerca del lugar del cuerpo del niño con la sexualidad. (Santcovsky, 1999; Soler, 2003; Prado, 2005) Al respecto se puede precisar que:
La sexualidad infantil, a partir de Freud, no será un simple atributo del niño. Será un operador fundamental de su constitución subjetiva, y con ello de su sexuación. La mirada y la palabra que vehiculizan el deseo del otro, situarán el deseo del niño frente a sí y frente a los otros de una manera determinada, lo que derivará en formas particulares de situarse frente a su propio mundo (López, 1999, p. 12).
Es decir que la sexualidad es un factor ineludible para fijar las condiciones constitutivas de un niño, del como en definitiva hay que tomarlo como un ser que experimenta y es efecto de la sexualidad misma. Por tanto “lo infantil” ocupa de referir una relación con el cuerpo desde una dimensión distinta de la “victimización” a la que el niño es frecuentemente instalado a cumplir socialmente.
… a los niños y adolescentes se les reconocen derechos y deberes, y protección en razón de su condición de menor de edad, pero poco se reconoce su condición de sujeto, y en especial de sujeto sexuado. En el contexto de la mentalidad descrita, a finales del siglo XIX, y comienzos del XX, Freud osa decir que el niño inocente, no lo es tanto, que tiene una sexualidad de la que tiene un saber y cuyas formas de organización atravesadas por la cultura, vale decir por el discurso del Otro, tendrán un significado fundacional para la subjetividad en cada sujeto. (López, 1999, p. 9)
Por tanto, basado en los fundamentos psicoanalíticos, resulta crucial reconocer en el niño el lugar de una historia que le singulariza con representaciones psíquicas inconscientes, y siendo esto así, poder escuchar en sus propias palabras su implicación subjetiva con relación a los efectos de su sexualidad. De acuerdo con Mass (2013)
En este sentido, el inconsciente refiere los caminos de la sexualidad y cómo esta puede ser entendida desde los discursos imperantes para las formas de organización de las colectividades, generando así nuevos interrogantes en torno a la compleja forma en que el sujeto se relaciona consigo mismo y con los otros (p. 156).
Es decir, que la sexualidad, más que referirse solo al disfrute erótico, se refiere a una condición humana donde se articulan influjos culturales, las constelaciones de la vida íntima familiar, y todo ello como forma de organización en la que el niño sexuado, puede ser tenido por capaz de rendir con palabras y con su cuerpo el goce sexual fijado en su desarrollo. La sexualidad resulta visibilizada por sus efectos en el cuerpo, y es esta relación esencial, la que resulte violentada al ser objeto de la pornografía y la prostitución infantil “La pornografía muestra con crudeza absoluta” (COMFER, s. f) sin embargo tendría que precisarse que aún bajo esta condición, neuróticamente inaceptable, dirá López (1999) que existe en el niño sexualidad, sexualidad de la que se aprovecha el adulto, en razón de actividades lucrativas sobre su cuerpo.
Resulta esclarecedor no solo tomar en cuenta el préstamo al que se toma derecho la pornografía y la prostitución infantil, sino además en la vertiente más profunda del asunto, también la “valoración” social que ocupa de poner en práctica las instituciones al servicio del mundo del menor. Colombia, no escapa al reconocimiento del niño como un sujeto de derechos, se sustenta esta condición por ejemplo, en el código de infancia y adolescencia, que de acuerdo con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar- ICBF (2006):
… la LEY 1098 DE 2006 de Noviembre 8, por la cual se expide el Código de la Infancia y la Adolescencia, el cual tiene por objeto establecer normas sustantivas y procesales para la protección integral de los niños, las niñas y los adolescentes, garantizar el ejercicio de sus derechos y libertades consagrados en los instrumentos internacionales de Derechos Humanos, en la Constitución Política y en las leyes, así como su restablecimiento. Dicha garantía y protección será obligación de la familia, la sociedad y el Estado (ICBF, 2015).
Esta omisión, por demás costosa para el estado, es la razón por la cual los programas, proyectos y demás acciones denominada preventivas, dejan de lado el carácter sexual de la condición humana, pero además suprimen la condición subjetiva del niño y del adolescente, perpetuando la condición de “víctima”, y anulando la condición de su sexualidad, de allí que el trato a los niños se remita a reconocerlos como seres pasivos, objeto de manipulaciones: preventivas e intervinientes al acomodo de los parámetros adultos: educarlos, manejarlos, programarlos, que no solo esto, resulta en ventaja para las buenas intenciones (protección y validación de sus derechos), sino también como otras intenciones culminan en medidas y conductas de explotación y violencia sexual para los menores, lo que entra en correspondencia con la condición psíquica de algunos sujetos que toman al niño por objeto de satisfacción sexual:
…el abuso sexual contra los niños se presenta con inquietante frecuencia en maestros y cuidadores, meramente porque se les ofrece la mejor oportunidad para ello. Los insanos presentan el desvío correspondiente sólo aumentado, tal vez, o, lo que reviste particular importancia, elevado a la condición de práctica exclusiva y en remplazo de la satisfacción sexual normal (Freud, 1905, p. 135)
Cuestión anterior que parece reconocer perfectamente el denominado proxeneta, o el lucroso: el negocio de la pornografía y prostitución infantil, y que en razón de medidas nacionales e internacionales se denomina Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes –ESNNA (Fundación RENACER, 2015) Siendo este fenómeno de la explotación sexual infantil, algo que pone en evidencia el sometimiento violento al que es expuesto el niño, resulta además como esto va en razón de la organización sexual que está de fundamento en el comportamiento no solo del niño sino también del adulto.
Padres y educadores han querido dar a la vida infantil un carácter asexual, se ha insistido tanto en los últimos siglos sobre esta idea, que ha logrado erigirse en verdad, pero es una verdad cuya real certidumbre, despierta sospechas, pues es muy común ver a padres y educadores, en nombre de su función formativa prohibir, perseguir y castigar, con toda severidad, las manifestaciones de aquello que supuestamente no existe (López, 1999, p. 13).
¿Y qué de la relación actual en la que la sexualidad es puesta en juego a través de la oferta del cuerpo del menor como rotundo mensaje al que ciertos sujetos no parece serle indiferente?
La época contemporánea eleva a las más altas categorías, la imperiosa necesidad de la satisfacción, siendo que esta debe ser inmediata, inagotable y perpetua. Vende falsas ideas de sueños cumplidos y placeres extremos, la época del “¡Todo es posible!” fabrica seres en falta con nuevas y extrañas formas de satisfacción, alimentadas por “medios de comunicación” que favorecen tales creencias. Mass (2013) se refiere al hecho de que “Los acontecimientos de la era postmoderna se reflejan como organizaciones de lo efímero, en virtud de pensamientos, creencias, ideologías y formas en las que el hombre concibe su vida social.” (p. 160) Y Carosio (2008) señala que:
El superyó de la cultura del consumo alimenta y promueve el goce autista, en tanto el discurso capitalista extrema el valor de la vida mercantil y rechaza el lazo social y el amor. En estas circunstancias, el programa del superyó ya no es ético sino de impulso al goce y, así, el imperativo del discurso cultural contemporáneo se traduce en la frase: “¡Debes gozar más!”; en cambio, la falta de goce es la culpabilidad contemporánea (p. 27).
El cuerpo resulta objeto de explotación y beneficios: llamado al cliente para su beneficio, condición que hace posible la pornografía infantil en tanto promesa al uso ilimitado del menor. No se trata por tanto de gozar del niño, sino de su cuerpo, que cumpliría por parte de la pornografía y la prostitución la “realización” de la satisfacción del cliente o usuario de momento.
DISCUSIÓN
Es cierto que existe preocupación por la problemática social que representan la prostitución infantil y la pornografía, con ello a las atrocidades a las que se ven expuestos los menores: “Cada vez son más concluyentes y abundantes las declaraciones internacionales que se han establecido por los Estados pertenecientes a las Naciones Unidas con la finalidad de evidenciar su preocupación por la persecución y sanción de la pornografía infantil.” (Oxman, 2011, p. 254) Sin embargo, las sanciones, resultan insuficientes, el fenómeno se sostiene de manera alarmante en la medida en que no se reconozca el estatuto sexual del menor, no en el sentido, de entenderla como aquella a la que se le obliga realizar o representar, incitada por el adulto, sino como aquella que refiere la historia del niño como efecto de una vida sexual psíquica, que le singulariza y fuerza a gozar de una determinada manera.
El aporte psicoanalítico demuestra que el cuerpo es una construcción psíquica, donde se entretejen las representaciones experienciales del ser humano. El niño al tener un cuerpo, puede plantearse que goza sexualmente, que tiene deseos, fantasías y pulsiones sexuales que le gobiernan. (Moreno, 2014) Y que todo acontecimiento que experimente desde el menos violento al más violento y acuciante pone en cuestión su cuerpo.
… desde el psicoanálisis no se pretende ni estudiar el organismo como tal, ni la prostitución en su forma común como es el caso de este trabajo, sino estudiar el sujeto como tal y más precisamente sus formas de goce, pero que necesariamente está ligado a los síntomas que tienen su fuente en el cuerpo (León, 2014, p. 30).
Esto obliga a pensar que modalidades de violencia sexual (pornografía, prostitución infantil) no resultan ajenas a topar con el uso y abuso del cuerpo del menor. Esto incita a respaldar en el lugar del niño con su cuerpo la posición de un sujeto responsable, capaz de dar cuenta con sus palabras la significación que le ocupe una experiencia y que ello obligue a cuestionar concebirle como una víctima de acciones violentas y de explotación. El fenómeno como problema social por su evidencia no es plantado en función de lo que otras discursos siempre sostienen (estadísticas, prevenciones, pedagogías, etc.) todo ello en favor de respaldar al niño victimizado de los acontecimientos, en este caso se trata de avanzar con la teoría psicoanalítica y poder comprobar con otros fundamentos las consecuencias de la violencia sexual
La prostitución puede ser abordada desde dos perspectivas: como un síntoma o como fenómeno. Como síntoma, ella es una forma particular de vínculo social, y como fenómeno puede entenderse en dos direcciones; en cuanto a producción cultural que el saber socio histórico explica y, en un sentido propiamente psicoanalítico, como aquello del ser producido por la cultura no está al servicio del vínculo social a causa de su estrecha relación con el goce, el cual implica una exclusión radical del otro, dada la dimensión mortificante que impone (Pérez, 2010, p. 282).
De acuerdo con León (2014):
En este sentido, la prostitución se presenta como uno de esos ejemplos en el que el cuerpo es tomado como un “mueble” sobre el que se dispone, se cambia, se maltrata, y aleja al cuerpo de esa concepción de construcción como tal y lo pone en términos mercantiles (p. 30).
El cuerpo obliga de ser un referente al plantear el lugar del niño en la prostitución infantil y la pornografía, su remisión a la sexualidad infantil ayuda a comprender como la dimensión corporal del niño implica que su historia y desarrollo sea conmovido en virtud de su exposición, explotación, manipulación.
El cuerpo por tanto cumple una función importante como construcción psíquica del ser humano, un elemento atractivo y seductor en la vida social de la oferta y el consumo. El abuso a esta parte esencial y constitutiva del niño trae consecuencias en la modalidad de ejercer lazo social con los otros.
CONCLUSIONES
El lugar del niño en la sociedad contemporánea ha tomado características singulares pero la vez compartidas en lo que respecta a la mediación del consumo y el ánimo de lucro en los sectores sociales. Esto respalda la idea de referir a la infancia en un sentido distinguible si se tiene en cuenta su condición socio-histórica actual que refleja el uso al menor como objeto al que puede ser explotado sexualmente.
De acuerdo con ICBF - UNICEF - OIT – IPEC - Fundación Renacer (2006) siendo la prostitución infantil donde se utiliza al niño para la realización de actividades sexuales y obtener ahí una remuneración económica, y la pornografía, que apoyada en los medios de comunicación emplea al menor para representar actividades sexuales (reales o simuladas), puede deducirse que ambos medios de explotación dirigen sus acciones a la corporalidad del niño. En este caso tanto su oferta como explotación, sea a través de la práctica de la prostitución o sea de la representación pornográfica, con mediación de artefactos tecnológicos (videocámara, chat, redes sociales, etc.) aquí o allá, lo que está en cuestión es la explotación del cuerpo del niño.
Si el cuerpo del niño surge en el campo de estas modalidades de violencia sexual (prostitución y pornografía) lo hace en función no solo para referir ahí la posición de un organismo físico al que puede accederse con fines lucrativos y de satisfacción sexual, sino la posibilidad de comprender que este cuerpo refleja una sexualidad constituyente del niño, de manera psíquica, comportando una historia singular. Más allá de considerar que se violenta sexualmente a un niño, se trata de percibir que tales encuentros “violentos” puestos en juego en la prostitución y la pornografía trastocan, trascienden las barreras mismas de la vida sexual del menor, y esto no es sin la mediación del cuerpo.
Es el psicoanálisis el que al brindar una lectura consecuente con el desarrollo psíquico del ser humano, de sus modos de gozar, ello al constatar una sexualidad que parte de la vida infantil misma, otorga la posibilidad de comprender el sostenimiento de estos fenómenos de violencia y explotación sexual infantiles, desde el lugar del niño con un cuerpo en el que se inscriben las marcas (deseos) de los padres, cuidadores, maestros, etc. Y como este cuerpo es el que resulta violentado en su historia.
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