REVISTA DE PSICOLOGIA -GEPU-
ISSN 2145-6569
IBSN 2145-6569-0-7

   
 
  Apego Parental y su relación con el Apego Romántico y la Dependencia Afectiva en 119 Universitarios de la ciudad de Ibagué – Colombia

Apego parental y su relación con el apego romántico y la dependencia afectiva en 119 universitarios de la ciudad de Ibagué- Colombia
  
 
  
 
 

Laura Patricia Lozano Sapuy, Paula Andrea Albarracín Angel y Milena Vázquez Amézquita


  

 Universidad  San Buenaventura / Colombia  


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Laura Patricia Lozano Sapuy. Estudiante investigador X Semestre. Psicología. Universidad de San Buenaventura seccional Medellín, extensión Ibagué. Colombia. Correo electrónico: psicolausapuy@hotmail.com   


Paula Andrea Albarracín Ángel. Estudiante investigador X Semestre. Psicología. Universidad de San Buenaventura seccional Medellín, extensión Ibagué. Colombia. Correo electrónico: andreangel1019@hotmail.com 


Milena Vásquez Amézquita. Psicóloga, Universidad Católica de Colombia. Master en Neurociencias Básicas y Aplicadas, Universidad de Valencia, España. Doctorando en Neurociencias, Universidad de Valencia, España. 4 años de experiencia en docencia Universitaria. Investigadora principal en proyecto financiado por la Universidad de San Buenaventura de Medellín en el grupo de Psicología y Neurociencias. Docente investigador de Laboratorio de Psicología Experimental en la Universidad el Bosque.

  


Recibido: 28 de Mayo de 2015
Aprobado: 12 de Abril de 2016


Referencia Recomendada:Lozano-Sapuy, L. P., Albarracín-Ángel, P. A., & Vásquez-Amézquita, M. (2016). Apego parental y su relación con el apego romántico y la dependencia afectiva en 119 universitarios de la ciudad de Ibagué – Colombia. Revista de Psicología GEPU, 7 (1), 8-39.  

Resumen: En el presente estudio se examinó la relación entre el apego establecido con los padres, el apego adulto romántico y  la dependencia afectiva en 119 universitarios de la ciudad de Ibagué –Colombia, siendo el 63.9% Mujeres, 36.1% Hombres, entre 18 y 40 años; mediante una investigación cuantitativa, descriptiva – correlacional de corte transversal. El análisis de datos se realizó en el programa SPSS20, utilizado los estadísticos descriptivos, correlación de Spearman y diferencias entre grupos (U Mann Withney y Kruskall Wallis). Se tomó como sustento teórico la teoría de apego de Bowlby (1979), el apego adulto romántico por Hazan, Shaver (1987), Bartholomew y Horowitz (1991) y la dependencia afectiva como posible consecuencia de las relaciones afectivas de la infancia (Castelló, 2000). Resultados: se encontró correlación negativa entre las dimensiones del apego percibido de la madre y algunos factores de dependencia emocional (p. <0,05), allí las comparaciones de género mostraron significancia (p<0,05) únicamente en la percepción de afecto de su madre: masculino (Media: 29,77), femenino (Media: 26,33); en cuanto al padre, se presentó correlación  negativa entre el control percibido y la evitación en relaciones de pareja (Sig. ,020); en estas últimas, la dimensión ansiedad estuvo directamente relacionada con todos los factores de dependencia afectiva. Conclusiones: la madre es el eje que regula la manera en la que se relacionan los individuos a futuro, el control ejercido por el padre dosifica la evitación hacia la pareja, y los altos niveles de ansiedad experimentados en la relación de pareja se asocian a la dependencia afectiva. 

Palabras Claves: Apego parental, Apego adulto romántico, Dependencia afectiva, Control, Ansiedad, Evitación

Abstrac: In this study the relationship between attachment established with parents, the adult romantic attachment and emotional dependence on 119 university students from the city of Ibague examined – Colombia was analyzed, with 63.9% female, 36.1% male, between 18 and 40 years; using a quantitative, descriptive research - correlational cross sectional study. Data analysis was performed with the SPSS20 Analytical Descriptive Statistics Software, Spearman Correlation and differences between groups (Mann Whitney U and Kruskal Wallis). Was taken as theoretical support The Attachment Theory of Bowlby (1979), the Attachment Theory by Hazan, Shaver (1987), Bartholomew and Horowitz (1991), and emotional dependence as a possible consequence of emotional childhood relationships (Castelló, 2000) RESULTS: Negative correlation between the dimensions of perceived affection  provided by the mother and some emotional dependency factors was found  (p. <0.05), however, gender comparisons showed significant (p <0.05) only in the perception of affection from the Mother: male (average: 29.77), female (average: 26.33); as the father, negative correlation between perceived control and avoidance in relationships (Sig., 020) was presented; in the latter, anxiety dimension it is directly related to all the factors of emotional dependence. Conclusions: the mother is the mainstay that regulates the way in which individuals relate to future, the primary control exercised by the father regulates the avoidance to the couple, and experienced high levels of anxiety in the relationship are associated emotional dependence. Keywords: Parental attachment, Adult romantic attachment, Emotional dependence, Control, Anxiety, Avoidance.

Correspondencia y Agradecimientos

La correspondencia relacionada con este artículo debe ser enviada a Milena Vásquez Amézquita, Facultad de Psicología, Universidad el Bosque, Bogotá-Colombia. E-mail: mvasquezam@unbosque.edu.co – milena_vasquez@hotmail.com

Se agradece a la Psicóloga PhD (C). Diana Carolina González Reina, por su apoyo al desarrollo de la investigación.
 
A lo largo de la vida el ser humano es influido desde su concepción con la afectividad  transmitida por las personas más cercanas, que generalmente son los padres, paralelamente el individuo en su proceso evolutivo se transforma física, afectiva, cognitiva y socialmente, lo cual facilita o no la adquisición de competencias y las maneras de aprender, relacionarse, comunicarse, y transformar su entorno por medio de solución de problemas; siendo de vital importancia que en los ambientes de desarrollo se asegure la satisfacción de todas las necesidades ya sean físicas, de salud, afectivas, nutricionales, educación (MEN, 2007) seguridad, atención, cuidado y responsividad o manera en que se relaciona con el cuidador y como este reacciona ante sus necesidades (Barroso, 2014; Garrido, 2006); en caso de que no sea así, el menor crece con carencias en algunas de las áreas que pueden llegar a afectar los vínculos afectivos establecidos.

Antes de continuar, es preciso aclarar que en la presente investigación se tomará el apego de acuerdo a idiomas como el italiano (attacamento), ingles (attachment) y francés (attachement), es decir como el vínculo o lazo afectivo establecido y no con la connotación de inmadurez manejada por el español (Prada, 2004). El psicoanalista británico John Bowlby fue quien introdujo el término de apego (1979), donde confluyeron la teoría psicoanalítica, evolutiva, del control, la etología (Stassen, 2006), la teoría general de los sistemas y la cibernética, la neurobiología y la psicología cognitiva (Gómez, Vallejo, Villada & Zambrano, 2010), para describir el lazo de especial afecto y confianza que el niño construye con las personas emocionalmente significativas para él, es decir, los primeros cuidadores por medio de las experiencias en las relaciones tempranas y vínculos integrados y establecidos; los cuales se instauran como fuente de seguridad y protección a través de representaciones mentales internas o modelos operativos internos – MOI, influyendo en la organización psíquica del individuo (Rozenel, 2006; Martínez, Martínez & Aldana, 20013), a partir de la adolescencia se extrapolan a nuevo lazos, marcando la base para todas las relaciones futuras (Ainsworth, 1973 citado en  Stassen, 2006; Pinedo, 2006). 

Esta condición es una predisposición (Galán, 2010) a lograr o mantener proximidad, contacto, comunicación (Lafuente & Cantero, 2010) y disponibilidad psicológica (Méndez & González, 2002) con una persona percibida generalmente como más fuerte o protectora (Bowlby, 1973; Monteolivia, 2002; Garrido, 2006), con el fin de experimentar seguridad (Méndez & González, 2002), gracias a lo cual garantizaría la supervivencia, conservación y reproducción del individuo (Bustos, 2008), de acuerdo a la satisfacción y regulación de necesidades tanto físicas como psicoemocionales, facilitando la modulación de las emociones y la incorporación tanto de modelos relacionales como de formas simbólicas para la interpretación de su entono, construyendo un mapa cognoscitivo  de sí mismo, su figura de apego, el ambiente o los demás y la relación entre ellos, lo cual  marca pautas para el establecimiento futuro de vínculos afectivos (Monteolivia, 2002), la principal figura de apego o cuidador primario generalmente es quien cumple la función materna, es oportuno recalcar que la conducta de apego puede ser activada por diversas situaciones, estímulos e incluso personas, dependiendo de cada individuo y su etapa evolutiva  (Martínez, Martínez, & Aldana, 2013).

La formación del vínculo afectivo con las primeras figuras de apego se da gracias a tres aspectos básicos: 1. la sintonía del  cuidador con las señales del hijo, 2. el balance, equilibrio o regulación propiciada en el cuerpo, las emociones y estados mentales por medio del primer aspecto, y 3.la coherencia adquirida por el niño a través de la relación con su figura parental generando sensación de integración y conexión con los demás (Mosquera, 2013; Mosquera & González, 2011); a través de la experimentación de las tres funciones del sistema de apego, la primera mantener proximidad del cuidador generando protesta o ansiedad ante el alejamiento y placer ante el reencuentro, la segunda propiciar la estructuración de base segura animándolo a explorar (Garrido, 2006) por medio del equilibrio entre la disponibilidad o accesibilidad de la figura de apego y las amenazas percibidas del entorno, lo que lleva a que el niño experimente o no seguridad en la exploración y dominación de su ambiente debido a la confianza de disponibilidad del cuidador (Gómez et al., 2010), por último la tercera función es la búsqueda de un refugio seguro o cuidador ante una amenaza, necesidad, ansiedad o peligro (Feeney & Noller, 2008; Gómez et al., 2010); A partir de la interacción de lo anterior se construyen los esquemas de sí mismos y otros en las relaciones (Monteolivia, 2002), por tanto sus MOI en la manera de relacionarse de acuerdo a la satisfacción de las necesidades previamente dichas (Barroso, 2014; Garrido, 2006; Sroufe, Szteren & Causadias, 2014), estableciendo y guiando la organización psíquica del individuo (De la Cruz et al., 2013), el afecto, la cognición y la conducta en relaciones cercanas (Monteolivia, 2002).

Por medio de este proceso se van estructurando los estilos de apego, estos son tendencias a relacionarse de una manera determinada (García et al., 2010) con figuras de apego de acuerdo a los MOI del self y los otros construidos en la interacción entre la figura de apego y el niño (Barroso, 2014), por tanto se constituyen en estructuras de conocimiento  consolidadas que generan esquemas de necesidades, expectativas, emociones y conductas resultado de cada historia de apego (Gámez & Marrero, 2005), organizadas jerárquicamente, de modo que, el primer vínculo sienta un precedente para el establecimiento y mantenimiento de los demás (García et al., 2010), por ello se afirma que estos patrones con el tiempo son generalizados y afectan las relaciones interpersonales en general (Monteolivia, 2002). 

A partir de lo anterior, en 1978 Mary Ainsworth (citado en Galán, 2010; Méndez & Gonzalez, 2002; Monteolivia, 2002; Gámez & Marrero, 2005; Polaino, Truffino & del Pozo, 2003) catalogó las formas de apego o vínculo afectivo en tres, uno seguro, y dos inseguros, el evitativo y el ansioso/ambivalente o resistente. El apego seguro, es resultado de modelos de apego exitosos en donde el cuidador es accesible, sensible, cálido (Monteolivia, 2002), con alta responsividad, lo que lleva a generar en el niño un estilo de relaciones de confianza con baja ansiedad y evitación, capaz de explorar el entorno sin temores (Garrido, 2006; Gámez & Marrero, 2005; Fonagy, 1999), de cooperación (Polaino, et al., 2003) et al, 2003), son perturbados por la ausencia del cuidador, buscan la proximidad y contacto con el cuidador a su regreso (Carrera, 2007; Gámez & Marrero, 2005; Monteolivia, 2002, Fonagy, 1999; Fonagy, et al., 1996), las relaciones son basadas en la confianza, independencia, amistad y felicidad (Monteolivia, 2002).

Por su parte, los niños que desarrollan apegos inseguros son resultados de experiencias poco satisfactorias, propiciando relaciones igualmente satisfactorias que se basan en la desconfianza, inhibición o excesiva preocupación por el rechazo y abandono del otro (Monteolivia, 2002), generando conductas, pensamientos y emociones distorsionadas de sí mismo y de los demás (Ainsworth, 1991). De modo que, los  inseguros evitativos son el resultado de cuidadores primarios rígidos, rechazantes, hostiles, opuestos al contacto físico de sus hijos (Gámez y Marrero, 2005; Monteolivia, 2002) que oscilan entre emocionalmente frías hasta el rechazo abierto (Carrera, 2007; Brenlla, Carreras & Brizzio, 2001), como consecuencia los niños presentan conductas de desapego, rechazo al cuidador (Fonagy, 1999; Monteolivia, 2002), actitud negativa ante el contacto, utilización del mecanismo de defensa de la evitación y afecto mínimo evitando a las figuras de apego (Polaino, et al., 2003; Ainsworth, 1985) y situaciones perturbadoras (Fonagy, 1999; Fonagy, et al., 1996). 

El apego ansioso – ambivalente o resistente se caracteriza por haber tenido cuidadores insensibles, inaccesibles, entrometidos, con baja disponibilidad (Gámez & Marrero, 2005; Monteolivia, 2002; Cassidy & Berlin, 1994) excesivamente afectuosas y evidentemente incoherentes (Carrera, 2007; Brenlla, Carreras & Brizzio, 2001), lo que genera en el niño limitada exploración y juego, alta perturbación o aflicción ante la separación, ansiedad e ira ante la llegada del cuidador como conducta de protesta (Brenlla, Carreras & Brizzio, 2001; Polaino, Truffino & del Pozo, 2003, Monteolivia, 2002, Fonagy, 1999), además sobregulan su afecto incrementando la expresión de su malestar con el objetivo de despertar las respuestas esperadas del cuidador y experimentan bajo umbral de sensibilidad ante condiciones amenazantes. En 1985 Main propone un tercer estilo de apego inseguro denominado desorganizado/confuso (Main, Kaplan & Cassidy 1985) o A/C (Crittenden, 1985; 2002), que presenta conductas desorganizadas e impredecibles, evitación del contacto ocular, comportamiento ambivalente, fruto de cuidadores que no proporcionan seguridad (Polaino et al., 2003), fuentes de temor y reaseguramiento (Fonagy, 1999), así como del sufrimiento no superado, pérdida de las figuras de apego o traumas intensos, lo que lleva a combinar características de los dos estilos inseguros anteriores, activando motivaciones conflictivas que llevan a estas conductas de confusión en la exploración (Gámez & Marrero, 2005). 

Ya en la adultez, se generan relaciones que pueden llegar a ser de apego al cumplir con la funciones previamente expuestas, siendo el apego adulto un proceso biosocial por medio del que se forman vínculos emocionales afectivos entre adultos determinados por la historia de apego infantil de cada uno, conformándose como lazos duraderos caracterizados por complejas dinámicas emocionales (Hazan y Shaver, 1987; Bartholomew y Horowitz, 1991), diferenciándose del infantil por ser recíproco, más no unidireccional (Weiss, 1982)

El apego adulto se da a través de fases, la primera de preapego, donde se evidencia la atracción, el cotejo, la evaluación mutua y el surgimiento de sentimientos; la segunda, en la cual se empieza a construir el apego, dándose el enamoramiento, estableciendo un lazo emocional, incrementado el compromiso, generándose la idealización de la pareja y el incremento del autodescubrimiento, acompañado de la conducta sexual; la tercera y última es donde finalmente se consolida el apego formando un vínculo emocional y de compromiso, donde aparecen todas las funciones del apego planteadas por Bowlby, dada según Zifman y Hazan (1997) después de dos años.

En la actualidad se identifican cuatro estilos de apego adulto, el seguro caracterizado por confianza y MOI positivo de sí mismo y los demás (Bartholomew y Horowitz, 1991), alta autoestima, equilibrio entre sus necesidades afectivas y autonomía, deseo de tener intimidad y comodidad ante ésta (Feeney, Noller y Harahan, 1994; Mikulincer, 1998; Melero y Cantero, 2008); el huidizo, alejado o evitativo presenta un MOI positivo de sí mismo pero negativo de los demás (Bartholomew y Horowitz, 1991), demostrando alta autosuficiencia emocional, alta incomodidad con la intimidad, bajas necesidades de apego y orientación al logro (Mayseless, 1996); el preocupado evidencia un MOI negativo de sí mismo aunque positivo de los demás (Bartholomew y Horowitz, 1991), lo que genera baja autoestima y conductas de dependencia por su necesidad de aprobación acompañada de una inquietud excesiva por las relaciones interpersonales (Feeney, Noller y Harahan, 1994), propiciando que demuestren cierta hostilidad y celotipia ante conductas amenazantes por su temor al abandono, considerándose ineficaces socialmente e incapaces de hacerse querer (Melero y Cantero, 2008); por último el huidizo temeroso presenta en su MOI un concepto negativo de sí mismo y de los demás (Bartholomew y Horowitz, 1991), con altas necesidades de aprobación, baja confianza y autoconfianza, con necesidades de apego frustradas, debido a que experimenta necesidades de contacto social e intimidad, pero por el temor al rechazo evita situaciones donde se pueda dar (Feeney, Noller y Harahan, 1994; Mikulincer, 1998; Melero y Cantero, 2008).

Ahora bien, la dependencia afectiva se define como un esquema de necesidades insatisfechas que han evolucionado como demandas frustradas desde la niñez (Sirvent, 2004) a través de aspectos cognitivos, emocionales, motivacionales y comportamentales dirigidos hacia la búsqueda desesperada compensar tal insatisfacción por medio de relaciones interpersonales estrechas con otras personas, presentando creencias de sobrevaloración respecto a la percepción de las relaciones, la amistad y la intimidad (Castelló, 2000; Lemos, Jaller, González, Díaz, & De la Ossa, 2012); caracterizada por la prioridad que los individuos dan a la pareja por sobre cualquier otra cosa, poniendo su relación por encima de todo; de sí mismo, su trabajo, hijos, núcleo social o actividades cotidianas, mediatizada por el miedo de perder a la otra persona y el fin de preservar la relación; lo que lleva a dificultar el relacionarse con otras personas de manera asertiva. En este sentido, la dependencia afectiva hace que la persona sufra una despersonalización y gran dificultad de vivir sin la persona “amada”, en medio de su deseo de buscar suplir los vacíos afectivos producto de las relaciones de apego inseguro con las figuras primarias (Riso, 2003); ello a través de una vinculación insana hacia la pareja dentro de una relación de apego formando así relaciones desequilibradas lo cual da paso a crear una necesidad por el otro con deseos de estar en compañía constante de él.

En general, las personas afectivo-dependientes se caracterizan por altos niveles de  posesividad, amor condicional, imposibilidad para romper ataduras, pseudosimbiosis (no estar completo sin el otro), locus de control externo, escasa elaboración del problema, codicia de cariño y/o amor, hiperdependencia del compromiso, sentimientos negativos (culpa y miedo al abandono), vacíos afectivos por ciertas carencias afectivas durante la infancia, antecedentes de maltrato emocional y/o físico, necesidad de aprobación, preocupación excesiva de agradar a los demás,  manifestaciones de abstinencia ante la ruptura o ausencia, necesidad extrema de tener pareja, euforia y fantaseo excesivo al inicio de una relación, idealización de las parejas, progresiva autoanulación personal, adopción de roles subordinados en las relaciones, personalidad autodestructiva (pobre autoestima, negativo autoconcepto), ceguera hacia el otro, tendencia a elegir parejas explotadoras, denotan satisfacción del narcisismo de sus parejas a fin de preservar su relación, gran preocupación por la anticipación de la posible ruptura, soportan desprecios y humillaciones, inestabilidad emocional, desarrollan escasa empatía y expresión de sentimientos, buscan parejas dominantes, seguras y manipuladoras, considerando que poseen privilegios especiales (Sirvent, 2007).    

A modo de conclusión, es debido mencionar que las experiencias de apego parental resultan influyentes en las de apego romántico, siendo un aspecto que lleva a reconocer las diferentes formaciones de representaciones mentales, donde los sujetos pueden llegar a tener actitudes de confianza o desconfianza en sus relaciones románticas (López, 1993; De la cruz, Luviano & Gonzales, 2013); lo que puede resultar en una dependencia afectiva como un acto de automutilación psicológica, en la que el amor propio, la autoestima, el autorrespeto y autoconcepto se ven afectados y amenazados dentro de la relación romántica que puede llegar a convertirse en una relación destructiva a nivel psicológico e incluso físico. Al respecto, Feeney y Noller (1990) argumentaron que los sujetos que tuvieron una relación de apego seguro con sus cuidadores son más propensos a tener relaciones amorosas satisfactorias, estables y con bases de confianza.

Empíricamente  se ha demostrado correlación entre  el vínculo de apego establecido con los padres y su influencia en las relaciones interpersonales durante  la adultez (Gómez, et al., 2010)  resaltando la importancia de los vínculos creados con los padres o primera figura representativa, la dinámica familiar y las relaciones que surgen de éstas, siendo la base fundamental para la comunicación y el trato con los otros; especialmente en relaciones románticas (Melero, 2008; Gómez, Pérez, Vargas & Wilthew, 2010; Acosta, Amaya & de la Espriella, 2010; Sánchez, 2011; Barroso, 2014). Análogamente algunas investigaciones plantean que no existe ninguna relación entre los estilos de apego conformados con los padres y la dependencia emocional creada con las relaciones interpersonales (Rodríguez, Amaya & de la Espriella, 2010), lo que evidencia inconsistencias en los hallazgos empíricos, justificándose la necesidad de profundizar en esta posible relación. 

Tal es el caso de Lemos, Jaller, Gonzalez, Diaz y De La Ossa en el 2012 en un estudio con 569 estudiantes universitarios, identificaron que el perfil cognitivo de estos participantes con dependencia emocional se caracteriza por esquemas desadaptativos tempranos de “desconfianza/abuso” acompañado de friabilidad, soledad, conductas explosivas y desapego del núcleo primario o familia. En otro estudio con 20 participantes y sus parejas heterosexuales, se identifica que las personas con estilos de apego seguro buscan el apoyo de su pareja, en el apego inseguro prima la ansiedad y evitación, donde realizan evaluaciones negativas de la intimidad, compromiso y amor por el otro (Gómez, Pérez, Vargas & Wilthew, 2010). Así mismo, según Melero (2008) en un estudio que realizo con 155 personas entre 18 y 57 años, destaca que hay mayor sobreprotección de los padres hacia las hijas que a los hijos, donde las mujeres tienden a un estilo temeroso y los hombres a estilos evitativos, generando relaciones con amor obsesivo o manía y la sobreprotección materna se encuentra asociada a actitudes lúdicas hacia el amor (Malero 2008). En cuanto al estilo preocupado paterno, Gómez, Pérez, Vargas & Wilthew lo asocian en la adultez a actitudes obsesivas hacia el amor, en búsqueda del cuidado compulsivo, actitudes de control y celotipia. De este modo diversas investigaciones (Gomez, Perez, Vargas & Wilthew, 2010; De La Cruz, Luviano, Gonzalez, 2013; Melero, 2008) demuestran que los vínculos establecidos en la infancia se proyectan en las relaciones ulteriores, en cuanto a la forma de relacionarse, las estrategias y modos de vinculación en próximas relaciones.

De acuerdo al estudio realizado por Sánchez (2011) desde una perspectiva de género con 100 participantes entre 19 y 54 años, se mostró que en las mujeres predomina el apego preocupado y en los hombres el apego seguro y alejado donde el hombre tiende a mantener relaciones esporádicas, con mayores relaciones coitales y la mujeres buscan relaciones predominando el apego dependiente – inseguro preocupado; por tanto en cuanto a las características de individuos con apego seguro en esta investigación se evidencia que han tenido mayor número de parejas, relaciones coitales y relaciones estables. En esta misma línea, Guzmán y Contreras (2012) realizaron un estudio transversal con 129 parejas donde se encontró correspondencia entre el estilo de apego y la satisfacción marital, siendo así que hay mayor satisfacción marital e apegos seguros y menos en evitativos. De este modo, frente al apego y su relación con la dependencia afectiva, De La Cruz, Luviano y Gonzalez (2013) identificaron que el desarrollo del apego en la infancia estructurado a partir de representaciones internas en la relación con la figura de apego manifestadas en carencias afectivas tempranas presentando negligencia, maltrato y abuso, en relación con la ansiedad, se caracteriza por preocupaciones exageradas por la figura de apego, emociones negativas continuas lo que coincide con personas que desarrollan dependencia emocional en la adultez experimentando estas mismas sensaciones. Por lo cual, autores (Lemos, Londoño & Zapata, 2007; Moral & Sirvent, 2008; Castelló, 2005; 2011; Román, 2011) enfatizan que al no cubrir las necesidades naturales de dependencia en la niñez, se origina dependencia emocional para compensar sus carencias; ante estas situaciones las relaciones se caracterizan por sometimiento, permitiendo y aceptando desprecios y maltratos como algo normal, acompañado de una necesidad afectiva excesiva, incrementando su atracción por personas seguras de sí mismas, dominantes, buscando evitar el rechazo de sus figuras de apego.

En resumen, la evidencia empírica refleja que el apego infantil influye en la estructuración de los modelos operativos internos de las relaciones establecidas a lo largo de la vida (Rozenel, 2006; De la Cruz, Martinez, Luviano & González, 2013) y a su vez los modelos operativos internos activan los patrones de apego de la infancia, propiciando que bajo algunas condiciones de abandono, maltrato y negligencia en la satisfacción de necesidades físicas, psicológicas y afectivas en interacción entre figura materna o paterna e  hijo (a), se desarrolle dependencia afectiva, puesto que se altera defensivamente la capacidad de representación mental e imprecisión de pensamientos y sentimientos, siendo altamente vulnerables en las relaciones íntimas (Cassidy & Marvin, 1992; Main & Cassidy, 1988), donde se experimenta ansiedad por separación, necesidad excesiva de expresión afectiva, modificación de planes por satisfacer la pareja, evitación constante del miedo a la soledad, expresión límite o catastrófica ante la posible ruptura y búsqueda de atención de la pareja (Cid, 2007). Moral y Sirvent (2009) describen el perfil de los dependientes afectivos en siete: dependencia pura, dimensión acomodación a la relación, vacío emocional, factor autoengaño de la relación, desajustes afectivos, conflicto de identidad, triada codependiente (factor de focalización, sobrecontrol de las necesidades del otro y orientación rescatadora del otro).

Dentro de las limitaciones observadas en las investigaciones se encuentra que en algunas ocasiones no se realizan diferencias entre los géneros, y no se reportan resultados a nivel de otras variables sociodemográficas como edad, estrato, nivel educativo, etc (Gómez, Pérez, Vargas & Wilthew, 2010), existen otras en las que no se explora la relación entre los tipos de apego presentados en las parejas y los estilos de apegos parentales (Melero, 2008), ni se tienen en cuenta el tiempo de establecimiento de la relación de pareja actual o última (Melero, 2008; Gómez, Pérez, Vargas & Wilthew, 2010; Acosta, Amaya & de la Espriella, 2010).

De acuerdo a los hallazgos encontrados en las investigaciones previamente mencionadas, la propuesta del presente estudio gira en torno al reconocimiento de la necesidad biológicamente determinada en el ser humano dirigida a la estructuración de lazos afectivos, cuyo fin es la experimentación de un sentimiento de estabilidad psicológica (Bowlby, 1982), por tal razón se explorará teórica y empíricamente el apego parental y su influencia en las relaciones interpersonales posteriores, planteando como hipótesis que a partir de ello se configuran las relaciones afectivas en la edad adulta que pueden dar lugar o no a vínculos de base insegura evidenciado en la  dependencia afectiva; lo que en intervenciones psicoterapéuticas facilitará la comprensión de las estructuras emocionales, afectivas, cognitivas y comportamentales del individuo, dando mayor claridad en el concepto de afectividad interiorizado, para favorecer la resignificación de los esquemas formados desde la infancia que pueden estar afectando la vida adulta del individuo y su familia. Por lo tanto, con base a los antecedentes teóricos (Bowlby, 1969; Gómez, et al., 2010; Barroso, 2014; Bartholomew & Horowitz, 1991) que destacan la contribución del apego parental a la formación de vínculos afectivos en la adultez, se plantea el objetivo de esta investigación encaminado a examinar la relación entre el apego establecido con los padres, el apego adulto romántico y la dependencia afectiva en 119 universitarios de la ciudad de Ibagué –Colombia.

METODOLOGÍA

La presente investigación es cuantitativa de corte descriptivo-correlacional, con un diseño transversal, debido a que se observó el fenómeno de estudio en su contexto natural en un solo momento, y se establecieron relaciones predictivas (Hernández, Fernández & Baptista, 1998) entre dos variables: Apego en dos divisiones: parental y relacional romántico, y la dependencia afectiva.

Participantes

La muestra estuvo conformada por un total de ciento diecinueve (119) estudiantes universitarios residentes de la ciudad de Ibagué, de los cuales un 36,1% fueron hombres y 63,9% mujeres entre los 18 y 40 años, la media de la edad  fue de 21,96 con una desviación estándar de 3,22. Un  64,7% pertenecen a instituciones educativas superiores privadas y un 35,3% a entidades públicas; los cuales fueron seleccionados por conveniencia donde la elección de la misma depende de la toma de decisiones y criterio del investigador (Hernández, Fernández & Baptista, 1998), a través de un método no probabilístico. 

Criterios de inclusión y exclusión

Los participantes del presente estudio debían cumplir con criterios de inclusión, tales como ser estudiante universitario, tener entre 18 años o más, haber vivido con ambos padres, razones por las cuales en la ficha de datos sociodemográfica se solicita información sobre estos aspectos. 

Variables 

Las variables desarrolladas aquí son variables independientes asignadas (Hernández, Fernández & Baptista, 1998), es decir no serán manipuladas directamente por el investigador, sino que sus niveles o condiciones fueron seleccionados por los investigadores para ver su relación con otras variables, dado que la variable independiente se conoce como variable predictora, en este caso será el apego parental y las variables criterio a relacionar serán el apego relacional y la dependencia afectiva.

Dentro de este marco, el apego es conceptualizado por Bowlby (1986) como un constructo en donde se encuentra una relación entre la base afectiva brindada por los primeros cuidadores (padre o madre) y la búsqueda de proximidad con individuos a lo largo de su vida, por medio de  la anticipación, interpretación y respuesta a las figuras cercanas integrando experiencias presentes y pasadas en representaciones cognitivas y emocionales (Bowlby, 1973); de modo que, el tipo de apego son los esquemas demostrados a través de  conductas que definen la relación con las figuras de afecto cercanas, distribuyéndolas en tres tipos: apego seguro, ambivalente y evitativo (Vivona, 2000).

Ahora bien, el apego adulto es aquella tendencia por parte del individuo por buscar y mantener la proximidad y contacto con unos pocos individuos específicos, lo cuales promueven la seguridad a nivel físico y psicológico, regulada por los MOI o esquemas afectivo – cognitivo – motivacionales basadas a partir de las relaciones de apego más temprano y demás experiencias tenidas a lo largo de su vida, facilitando la interpretación y anticipación de la conducta e interacciones de otros, especialmente las figuras de apego; sistema activado por percepciones reales o imaginarias del individuo (Sperling y Berman, 1994).

Por su parte la dependencia afectiva es denominada como un modelo perseverante de necesidades emocionales insatisfechas que el ser humano intentan compensar desadaptativamente con otras (Castello, 2002 citado en Acosta, Amaya & Espriella, 2010). 

Instrumentos
 
Para el desarrollo de la investigación se administraron los siguientes instrumentos para evaluar las variables apego en sus dos dimensiones, apego parental y apego adulto en la pareja, y dependencia afectiva:
 
Cuestionario de apego parental (P.B.I., Parental Bonding Instrument, Parker, Tupling y Brown, 1979) adaptado para Colombia por Vallejo, Villada y Zambrano (2007), donde a través de 25 preguntas se pretende evaluar  la percepción que los individuos tienen tanto de la conducta como de la disposición de sus padres con ellos hasta los 16 años, en una escala tipo Likert, que consta de dos escalas,  afecto (12 ítems, punto de corte: Madre - 30,6, Padre - 25,6) midiendo calidez emocional, empatía, cercanía física, cuidado e incluso la frialdad afectiva, indiferencia y negligencia; control – sobreprotección (13 ítems, punto de corte: Madre - 12,5, Padre - 11,9) evalúa temas en relación al contacto excesivo, intrusión, sobreprotección, autonomía e independencia; de la interacción de estas dos escalas (afecto y control) resultan cuatro tipos de vinculación análogos a los propuestos por Ainswort (Gómez, et al., 2007; 2010), que son:
Control afectuoso o constricción cariñosa (Ambivalente): padres que manifiestan alto afecto y alto control, intrusivos y sobreprotectores, pero afectuosos. 
Control frío o sin afecto (Ambivalente): padres con bajo afecto y alto control, intrusivos, fríos y distantes.
Vínculo débil (Evitativo): padres con bajo control y afecto. 
Vínculo óptimo (Seguro): Se compone de un elevado afecto y bajo control, por medio de afecto, facilita la autonomía.
Cuestionario de experiencias en relaciones cercanas revisado (Experiencies in close relationships-revised, ECR-R) (Fraley, Waller & Brennan, 2000) adaptado para población colombiana por Zambrano, Villada, Vallejo, Córdoba, Giraldo, Herrera, Giraldo y Correa (2009), mide dos escalas nombradas ansiedad (9 ítems, punto de corte: 28,2) y evitación (12 ítems, punto de corte: 42,3), a partir de los cuales surgen cuatro categorías de apego hacia la pareja amorosa: apego seguro (baja ansiedad, baja evitación), apego preocupado (baja evitación, alta ansiedad), apego rechazante (baja ansiedad, alta evitación) y apego temeroso (alta evitación, alta ansiedad). Es una prueba tipo likert. El coeficiente Alpha de Cronbach de acuerdo a la adaptación para las dos escala arrojaron coeficientes aceptables para cada una (ansiedad = 0,877 y evitación = 0,798, en la adaptación a Colombia (Zambrano, et. al, 2009).
 
Cuestionario de dependencia afectiva (Lemos & Londoño, 2006) diseñado para población colombiana, está conformado por 23 ítems, que son interpretados a través de seis factores de esta variable: Ansiedad por separación (7 ítems, α = 0.87), necesidad de expresión afectiva de la pareja (4 ítems, α = 0.84), modificación de planes por satisfacer a la pareja (4 ítems, α = 0.75), miedo a la soledad (3 ítems, α = 0.8), expresión límite ante la pérdida o para mantener cercanía con la pareja (3 ítems, α = 0.62) y búsqueda de atención para asegurar la permanencia en la relación, siendo el centro de la vida de su pareja (2 ítems, α = 0.78). Con un alfa de Cronbach de la escala total de 0,927, con una explicación de la varianza del 64.7% según el estudio de Lemos y Londoño (2006).

Procedimiento y análisis de datos
 
El proceso investigativo del presente estudio se desarrolló inicialmente con un Acercamiento a la población a investigar en tres universidades, enviando la propuesta investigativa, posterior a ello, se presentó al comité de bioética para la aprobación de la investigación y consentimiento informado, el cual dio el aval para el inicio de la aplicación de instrumentos, posterior a ello, se aplicaron los instrumentos a 128 universitarios, de los cuales 119 cumplieron los criterios de inclusión, exclusión, y respondieron todos los instrumentos de evaluación. Ya en cuanto al análisis e interpretación de los resultados, se siguieron los siguientes pasos:

1. Sistematización de los datos.
2. Realización del análisis de los estadísticos descriptivos de cada instrumento en el programa SPSS Versión 20.
3. Para obtener la fiabilidad de la consistencia interna de los instrumentos se utilizó el Alfa de Cronbach.
4. Se aplicó la prueba de normalidad  Kolmogorov – Smirnov para grupo de más de 50 participantes, en el caso del presente estudio 119, con la cual se identifica que la muestra no tiene una distribución normal, pues arrojó menos de .05, por lo tanto se aplican pruebas no paramétricas, como la prueba de correlación de Spearman, U-Man Whitney y Kruskal Wallis, con el fin de dar cumplimiento a los objetivos planteados.

RESULTADOS

A continuación, en esta sección se realizarán los análisis descriptivos y correlaciónales pertinentes a las variables apego parental, apego romántico y dependencia emocional, no sin antes, reiterar que al extraer el Alfa de Cronbach para identificar de la consistencia interna de cada prueba aplicada, y teniendo en cuenta que para investigaciones exploratorias el valor aceptable de fiabilidad es de 0,6 (Huh, Delorme & Reid, 2006), la presente investigación mostró un alfa general de 0,783, en el instrumento PBI a nivel general de 0,733, PBI para la madre 0,644, PBI para el padre 0,706, ECR 0,803 y para dependencia emocional 0,932, lo que indica buena fiabilidad de la consistencia interna del estudio. 

Apego parental: descriptivos y correlaciones entre afecto y control 

En cuanto al apego parental, se observó que las dimensiones afecto y control percibido por parte de la madre (Tabla 1) las personas percibieron durante su infancia bajo afecto (57.1%) y mayor control (53.8%), al igual que un porcentaje mayor de personas percibieron bajo afecto (62.2%) y alto control del padre (58%).  (Ver tabla 1 en PDF)

Las dimensiones de apego se encuentran relacionadas significativamente de la siguiente manera como lo muestra la Tabla 2, correlaciones positivas (a altos puntajes de una, le corresponden altos de la otra) entre afecto padre y afecto madre (Sig. ,004, Rho. ,264), control padre y control madre (Sig. ,000, Rho. ,314), análogamente, evidencia correlación negativa (a valores altos de una, le corresponden valores bajos de la otra) entre afecto y control percibido de la madre (Sig. ,000, Rho. -,442), afecto y control percibido del padre (Sig. ,003, Rho. -,266). (Ver tabla 2 en PDF)

De acuerdo a la prueba estadística aplicada (U de Mann-Whitney) al comparar las dimensiones del apego parental y género (Tabla 3), la única correlación estadísticamente significativa es la existente entre afecto de la madre y género (Sig: ,024), siendo el género masculino el que percibe mayor afecto de su madre (Media: 29,77) que el femenino (Media: 26,33). (Ver tabla 3 PDF)
 
Al analizar los resultados del vínculo o lazo parental arrojado en los participantes de este estudio de acuerdo a las puntuaciones en afecto y control, se observa que en cuanto al vínculo tanto con la madre como con el padre, predomina control sin afecto (37,8% madre, 40,3% padre) y el estilo de apego que menos se expresa en los participantes es constricción cariñosa (16% madre, 17,6% padre) (Figura 1), sin encontrarse diferencias estadisticamente significativas (sig: <0,05) entre los estilos estucturados hacia ambos padres, sin embargo, al explorar la asociación entre el apego desarrollado hacia la madre y el padre, todos los estilos se corresponden exceptuando el vínculo débil hacia el padre, donde se asocia más con el control sin afecto de la madre (8,4%). (Ver figura 1 en PDF)
 
Apego adulto romántico: descriptivos y correlaciones entre ansiedad y evitación

Habiendo abordado el anterior tema, es necesario proseguir con el apego adulto romántico, allí la dimensión planteada por el cuestionario utilizado arrojó que en los participantes prevalecen bajos niveles de ansiedad (71,4%) y evitación (54,6%), como se muestra en la Tabla 4. (Ver tabla 4 en PDF)

Ahora bien, al agrupar las dimensiones (ansiedad y evitación) para obtener los estilos de apego adulto romántico (Tabla 5), en este estudio predomina el apego seguro (38,7%), seguido del apego rechazante (32,8%), apego preocupado (16%) y por último apego temeroso (12,6%).  (Ver tabla 5 en PDF)
 
Dependencia emocional

Por su parte, según lo evidenciado en los factores de la Dependencia Emocional se encontró que los promedios de los participantes se ubican en los siguientes percentiles de: 15,69 para el Factor 1 Ansiedad de separación (40%), 10,06 para el Factor 2 Expresión afectiva de la pareja (35%), 9,33 en el Factor 3 Modificación de planes (40%), 6,25 en el Factor 4 Miedo a la soledad (50%), 4,35 frente al Factor 5 Expresión limite (60%), y finalmente, el Factor 6 Búsqueda de atención (30%). 

Relación entre: Apego parental y adulto romántico

A partir de este punto, se inician las correlaciones entre variables, en cuanto al apego parental y el romántico, es preciso mencionar que para la comprensión de los resultados, se asume que estas dos variables son inversamente proporcionales debido a la forma de calificación de la prueba utilizada para medir el apego adulto romántico (ECR), ya que en las dimensiones de esta variable, puntajes altos significan baja presencia de las mismas, sin embargo, en cuanto a las dimensiones de apego parental los puntajes altos, significa alta presencia, lo que en este caso, se puede analizar es que de la muestra de este estudio, como lo evidencia la Tabla 6, únicamente se presenta correlación negativa asumida como positiva (a valores altos de una, le corresponden valores altos de la otra) estadísticamente significativa en: afecto madre y ansiedad (Sig. ,007, Rho. -,247), de modo que altos niveles de afecto propiciado por la madre generan altos niveles de ansiedad en la relación de pareja; control madre y ansiedad (Sig. ,003, Rho. -,267), en donde el sobrecontrol percibido de la madre se encuentra relacionado con altos niveles de ansiedad en la relación de pareja; por último a mayores niveles de control del padre, mayor  evitación (Sig. ,020, Rho. -,214) en la relación de pareja.  (Ver tabla 6 en PDF)
   
Relación entre: Apego parental y dependencia afectiva 

Al realizar la comparación entre las dimensiones del apego parental y la dependencia emocional de la Tabla 7, se presenta correlación negativa (a valores altos de una, le corresponden valores bajos de la otra), afecto madre y factor 6 búsqueda de atención (Sig. ,011, Rho. -,233), control madre y los siguientes factores de dependencia emocional: factor 1 ansiedad de separación (Sig. ,018, Rho. -,217), factor 2 expresión afectiva de la pareja (Sig. ,000, Rho. -,316), factor 5 expresión límite (Sig. ,029, Rho. -,200), total dependencia emocional (Sig. ,007, Rho. -,246). (Ver tabla 7 en PDF)

Al combinar las dimensiones (afecto y control) para extraer los estilos de apego materno en relación a la dependencia afectiva, se observa que existe significancia estadística en dos de los factores de la dependencia afectiva, la necesidad de expresión afectiva de la pareja y la búsqueda de atención de la pareja como se evidencia en la Tabla 8, el Factor 2 puntuó mayores niveles en control sin afecto, seguido de constricción cariñosa, vínculo óptimo y por último vínculo débil; por su parte el Factor 6, obtuvo mayores puntajes en constricción cariñosa, seguido de vínculo optimo, control sin afecto y por último vínculo débil. (Ver tabla 8 en PDF)
 
Dentro de este mismo contexto, al comparar las dimensiones del apego paterno con la dependencia emocional en la Tabla 9, los datos estadísticamente significativos fueron la correlación positiva entre el afecto percibido del padre y la expresión afectiva de la pareja (Sig. ,038, Rho. ,191).  (Ver tabla 9 en PDF)
  
Relación entre: Apego adulto romántico y dependencia afectiva 

Al abordar en la Tabla 10, los datos obtenidos de la correlación de Spearman entre apego adulto romántico y dependencia afectiva, se muestra correlación negativa, que en este caso se interpreta como positiva, debido a la forma de calificación de las dimensiones de apego adulto, de modo que, todos los factores de dependencia emocional estuvieron directamente relacionados con la ansiedad experimentada hacia la pareja, así: factor 1 (Sig: ,000, Rho: -,419), factor 2 (Sig: ,000, Rho: -,451), factor 3 (Sig: ,000, Rho: -,366), factor 4 (Sig: ,000, Rho: -,316), factor 5 (Sig: ,000, Rho: -,357), factor 6 (Sig: ,001, Rho: -,291) y total dependencia emocional (Sig: ,000, Rho: -,466).  (Ver tabla 10 en PDF)
 
Luego de extraer los estilos de apego e identificar las diferencias con significancia estadística en la dependencia emocional a través de la prueba Kruskal-Wallis, se encontró que solo los factores 1 (Sig. ,001), 2 (Sig. ,003), 4 (Sig. ,048), 5 (Sig. ,001) y el total de la dependencia emocional (Sig. ,001) demostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos, donde primó el apego temeroso con mayores puntajes, seguido del apego rechazante, preocupado y por último el seguro, como se evidencia en la Tabla 11. (Ver tabla 11 en PDF)

DISCUSIÓN

El objetivo del presente estudio fue examinar la relación entre el apego parental, apego adulto romántico y la dependencia afectiva en universitarios mayores de 18 años de la ciudad de Ibagué. En general los jóvenes manifiestan experimentar un estilo de apego con altos niveles de control y bajos de afecto tanto de sus dos figuras de apego a lo largo de su infancia, lo que propicia escenarios con alta vulnerabilidad a relaciones afectivas poco satisfactorias y con altos niveles de evitación a las figuras de apego (Polaino, et al., 2003; Ainsworth, 1985).

Con respecto a lo identificado en este estudio, conviene distinguir que únicamente se presentaron diferencias estadísticamente significativas entre los géneros, en la percepción que estos tienen del afecto recibido de su madre, siendo los hombres quienes perciben mayor afecto, que las mujeres, evidenciando un posible factor de vulnerabilidad en las mujeres al establecimiento de relaciones que compensen sus carencias afectivas de la infancia, viéndose influido esta percepción de las mujeres por el componente socio-cultural ligado la constructo de género en la cual el hombre como figura fuerte de protección está asociado a menor demanda afectiva, en contraste de la representación social del género femenino con una imagen que demanda mayor afecto y protección (Díaz & Ramírez, 2002), siendo los vínculos primarios posibles pronósticos de la elección y estilos de relaciones de pareja en la adultez (Gómez, Pérez, Vargas y Wilthey, 2010), lo cual se detallará a continuación. 

Al no haber diferencias estadísticamente significativas entre el estilo de apego desarrollado hacia el padre y la madre, se puede afirmar que a nivel general, el tipo de vínculo parental predominante de la muestra es control sin afecto, reflejado en personas que han experimentado bajos niveles de afecto y altos de control, como apego inseguro, resultan en una serie de dificultades impidiéndole al individuo establecer relaciones eficaces y funcionales que de alguna manera fortalezcan la percepción sobre sí mismo o sobre los demás (Bartholomew, 1994), rechazan el acercamiento de las personas, están constantemente a la defensiva, adoptan una postura de indiferencia, niegan la necesidad del otro para evitar frustraciones y niegan sus sentimientos (Oliva, 2004).

En cuanto al estilo de apego adulto romántico que predominó, se encuentra el apego seguro, donde se tiene un concepto positivo de sí mismo y de los demás (Bartholomew y Horowitz, 1991); análogamente, la muestra se caracteriza en la dependencia afectiva por bajos niveles de dependencia en la mayoría de los factores de esta variable, en comparación con la población colombiana con la que se realizó el estudio de Lemos et., al (2006), únicamente superó el 50% de la población en la expresión límite ante situaciones de pérdida de la pareja y el miedo a la soledad por no sentirse amado, encontrándose posiblemente asociado a las carencias afectivas experimentadas en la niñez e interiorizadas en los MOI como lo propone Bowlby (1979).

Teniendo claro lo anterior, es preciso iniciar la discusión de las correlaciones identificadas, en cuanto al apego materno y el adulto romántico, el estudio demostró que a mayores niveles de afecto y cuidado percibido de la madre donde el infante no experimenta a su figura de apego como base segura para la exploración debido a los excesos de afecto (Carrera, 2007; Brenlla, Carreras & Brizzio, 2001), en la niñez e incluso como lo demuestra este estudio más adelante en la relación de pareja la persona experimentará alta perturbación y ansiedad, por lo tanto, mayor tendencia a estilos de apego preocupado y temeroso, generado por el bajo desarrollo de la autonomía (Sroufe, et al.,2014), posiblemente asociado con la necesidad de perpetuar el afecto recibido por parte de la madre en la pareja, requiriendo de alguien que sustituya su figura de apego con hiperafecto, y al no recibirlo en exceso, como la madre lo hacía, se incrementan los niveles de ansiedad, debido al bajo umbral de sensibilidad ante condiciones amenazantes (Carrera, 2007; Polaino et al., 2003; Monteolivia, 2002; Brenlla, Carreras & Brizzio, 2001; Fonagy, 1999), propiciando el bajo desarrollo de independencia y autonomía de la persona; este aspecto está inversamente relacionado con el estudio desarrollado por Martínez, Fuertes, Orgaz, Vicario & Gonzalez (2014), donde el refugio emocional o afecto percibido de los padres en las mujeres está asociado negativamente con la ansiedad en la pareja.

Los  altos niveles de control, sobreprotección, contacto excesivo e intrusión por parte de la madre, denotaron su influencia en la relación de pareja, donde se experimentarán mayores niveles de ansiedad, lo que generaría mayor tendencia a desarrollar estilos de apego preocupado y temeroso en la pareja, lo cual se encuentra asociado a la necesidad en el adulto de que su pareja tenga las mismas características sobreprotectoras de la madre, sin embargo, en estas situaciones la persona no busca a su madre como refugio emocional (Martínez, et. al, 2014), marcando ambivalencia entre el esquema establecido hacia su madre y hacia su pareja, en muchas ocasiones permitiendo que su pareja la trasgreda por la ansiedad que le puede generar perderlo.  

En cuanto a las relaciones vinculares con el padre, a pesar de haber pocos estudios que soporten  la influencia de la percepción de la relación con esta figura de apego y las relaciones románticas, en esta investigación, se logró identificar que a mayor sobrecontrol,  sobreprotección, se limita la autonomía del menor, debido al constructo social del padre (Yárnoz, Arbiol, Plazaola, & Murieta, 2001), y en la adultez se experimentaran mayores niveles de evitación en la pareja, rechazando a la pareja para evitar el control ejercido por la figura paterna, debido la alta autosuficiencia emocional e incomodidad con la intimidad desarrollada en la adultez por la sobreprotección experimentada (Mayseless, 1996), por tanto, mayor tendencia a apegos temerosos y rechazantes en la relación de pareja, con el objetivo de no experimentar lo vivido con el padre, lo que propiciaría un factor de riesgo en la ejecución de conductas encaminadas a experimentar en la pareja o su vida lo cohibido en la infancia, por tanto, podrían llegar a desarrollar baja implicación emocional en las relaciones afectivas, lo que puede generar escenarios donde se lastime a la pareja debido al negativo MOI que tiene el individuo de los demás (Bartholomew y Horowitz, 1991), a pesar de experimentar la necesidad de socializar (Feeney, Noller y Harahan, 1994; Mikulincer, 1998; Melero y Cantero, 2008).

Uno de los aspectos de mayor discusión es lo referente al apego parental y la dependencia afectiva, lo que en esta investigación se evidenció como correlación negativa entre afecto materno y búsqueda de atención en la pareja para asegurar su continuación en la relación, procurando ser el centro de su vida (Lemos & Londoño, 2006), siendo el afecto un factor protector; ello, demuestra que aquellas personas a las que su madre satisfizo las necesidades afectivas, experimentan mayor seguridad en la relación de pareja, de acuerdo a Izquierdo & Gómez (2013) esto se da debido a que en su inconsciente sus necesidades afectivas se encuentran suplidas; por lo tanto, las personas que han experimentado bajas expresiones de afecto, cuidado e incluso rechazo por parte de su madre, a pesar de interiorizar conductas de desapego y rechazo al cuidador (Monteolivia, 2002) pretenderán en la adultez que las relaciones de pareja compensen esta situación experimentada en la infancia. 

Es oportuno mencionar que el control percibido por parte de la madre, es la dimensión más relevante en cuanto a las consecuencias producidas en los hijos, puesto que a mayores niveles de control, menores niveles de ansiedad por separación en la pareja (expresiones apasionadas por el temor ante la posibilidad de terminación de la relación), necesidad de expresión afectiva de la pareja constantes (que reafirmen el amor que se sienten, disminuyendo a su vez la sensación de inseguridad), expresión límite (reacciones impulsivas como una persona con trastorno límite), y total de dependencia emocional; lo que llevaría a ser personas más felices, con relaciones de pareja más satisfactorias, amistosas y de confianza, experimentando las dificultades de pareja como algo normal y superable (Barroso, 2014); por ello, las madres permisivas generan mayores niveles de dependencia emocional, debido a que como lo proponen Izquierdo y Gómez (2013) las personas al no recibir la atención por parte de sus padres, se genera que el individuo tenga la necesidad de experimentar las funciones del apego, carentes en su infancia,  manteniendo la cercanía, evitando eventos amenazantes y buscando la atención.

Con los resultados de esta investigación, se afirma que la necesidad de expresión afectiva de la pareja se encuentra mediada por el afecto percibido por su padre, ya que, a mayor afecto, mayor necesidad de este tipo de manifestaciones afectivas, de igual manera se encuentra relacionada positivamente con estilos de apego materno ambivalentes tales como, constricción cariñosa (alto afecto y alto control) y apego seguro (alto afecto, bajo control), lo que manifiesta que ante la inestabilidad de afecto y control percibido de su madre o padre, se incrementa la necesidad de que su pareja constantemente le brinde muestras de afecto, para sentirse apreciado y querido (Cavero, 2008). 

Por su parte, en las relaciones de pareja con altos niveles de ansiedad  experimentada al interior de la misma, mayores niveles de todos los factores de dependencia emocional: Ansiedad de separación ante la posibilidad de disolución de la relación, Necesidad de expresión afectiva de la pareja que reafirme su amor y calmen su inseguridad, Modificación de planes por satisfacer a la pareja, Miedo a la soledad por no tener a la pareja o no sentirse amado, Expresión límite ante la posible ruptura con la pareja y Búsqueda de atención de la pareja; lo que conllevaría a tener conductas adictivas que puedan  llevar a la persona a permitir que la lastimen por el temor o ansiedad ante la pérdida (Izquierdo y Gómez, 2013), esperando un cambio idealizado de la pareja para una estabilidad en la relación, realizando cualquier tipo de conductas con el objetivo de no perder a la pareja (Lemos, Jaller, Gonzalez, Díaz & De la Ossa, 2011).

En este mismo sentido, las relaciones de pareja en donde se establecen estilos de apego con altos niveles de evitación como el temeroso y rechazante, están  relacionados con la dependencia emocional, pues a pesar de su autosuficiencia emocional demostrada (Mayseless, 1996), lo que encubre es el miedo al rechazo experimentado en la infancia, dejando ver sus necesidades de apego frustradas (Feeney, Noller y Harahan, 1994; Mikulincer, 1998; Melero y Cantero, 2008), propiciando búsqueda de relaciones afectivas inestables donde se puede pasar de emociones agradables fuertes a negativas, lo que propicia la unión simbiótica psíquica que consiste en una necesidad  patológica de estar con el otro (Fromm, 2007)

Por dichas razones, cabe señalar la relevancia del vínculo que se generan con los cuidadores (madre-padre) y  a su vez la influencia en el tipo de relación de pareja que se busca, debido a que el sujeto proyecta en el otro las necesidades no satisfechas, sosteniendo el esquema mental generado en la  infancia en relación  con la madre y este va ser  el prototipo de las relaciones amorosas posteriores para ambos sexos (Freud, 1999); confirmando el mantenimiento esquemático propuesto por Jung (1999) en la dependencia emocional, puesto que a nivel cognitivo se pretende perpetuar e incluso compensar las dimensiones del apego estructurado hacia los padres (afecto y control)  por medio de las relaciones de pareja, manteniendo y reforzando el esquema desadaptativo temprano predominante a partir de las características de la pareja (Lesmos, et. al 2011), integrando en la medida que vive sus experiencias con los otros, especialmente con su cuidador principal su sistema diádico y modelo o representación operativo interno, generando  representaciones o mapas cognitivos, sobre sí mismo y  los otros, que le permiten al sujeto organizar la experiencia emocional, cognitiva y la conducta (Marrone, 2009).

CONCLUSIONES

Las evidencias resultantes de los procesos de investigación y el contraste con la realidad, ponen de manifiesto una clara correspondencia entre las relaciones parentales y las dinámicas relacionales en la adultez. De modo que, la creación de estilos de apego seguros asociado con vínculos parentales cálidos, a cohesión y expresividad familiar (Casullos, Campos, Fernández, Páez & Zubieta, 2007), facilita en la persona la adquisición de herramientas más adecuadas para afrontar la vida representadas en la expresión equilibrada de las emociones, comprender las propias, las de los demás poniendo en marcha conductas encaminadas al bienestar del sujeto.

Esto se traduce en esquemas cognitivos positivos de interpretación del mundo, lo cual permite hacer una reevaluación positiva (Casullos et al, 2007) de situaciones que produzcan ira, tristeza o frustración, es decir, frente a situaciones relacionales que no cumplen las expectativas del sujeto, este es capaz de hacer un análisis crítico de la situación buscando la manera más adecuada o adaptativa para resolverlo permitiendo expresar sus emociones de manera constructiva: en el lugar y en el momento adecuado, aumentando la autoconfianza, la capacidad de resolución de problemas y la toma de decisiones.

Por lo tanto, teniendo en cuenta los hallazgos de la presente investigación y la información anteriormente suministrada, es preciso destacar que la forma, la calidad y la dinámica de las relaciones que se construyan entre padres e hijos se convierten en un pilar fundamental para el bienestar integral del sujeto, siendo la madre el eje que regula la estructuración de los MOI del individuo a partir del afecto y control recibido de ella, que posteriormente se integra y expresa en las relaciones establecidas a lo largo de la vida, siendo el control de la madre el factor protector más evidente ante la dependencia emocional, y el hiperacfecto como generador de inseguridades en los individuos que los lleven a experimentar altos niveles de ansiedad en la pareja, pero baja búsqueda de atención de ellos. Sin embargo, es importante mencionar que las mujeres en esta investigación manifestaron recibir menos afecto de su madre en relación a los hombres, lo que se puede traducir en un factor de riesgo y vulnerabilidad para que a través del establecimiento de vínculos afectivos insanos se suplan las necesidades afectivas de la infancia. 

Por su parte, altos niveles de expresión afectiva del padre propicia la necesidad de expresión afectiva de la pareja, en este mismo sentido, el sobrecontrol ejercido por esta figura potencia la evitación hacia la pareja, siendo este aspecto un factor de riesgo para relaciones afectivas poco profundas y satisfactorias, por último, los altos niveles de ansiedad experimentados en la relación de pareja se asocian a la dependencia afectiva; a nivel general, los estilos de apego más propensos a dependencia emocional son los inseguros, dentro de los que se destacan el temeroso y rechazante.

Lo que lleva a que las familias y profesionales de la salud mental tengan en cuenta estos aspectos para la promoción de estilos de apego más seguros y satisfacción de las necesidades afectivas en las familias colombianas, así como, prevención e intervención de los problemas asociados al apego, generando factores de protección como base para estructurar relaciones sanas, a través del vínculos más seguros, destacando la siguiente frase:

“Uno se enferma de Amor y se cura con amor”
- Hernán Yair Rodríguez Betancourt Q.E.P.D.
 
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