REVISTA DE PSICOLOGIA -GEPU-
ISSN 2145-6569
IBSN 2145-6569-0-7

   
 
  Duelo y Melancolía, Complemento del Narcisismo

Duelo y Melancolía, Complemento del Narcisismo

Iván Alexis Alcaide Troncoso  
 
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Licenciado en Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad UCINF, Santiago de Chile. Diplomado en teoría y clínica psicoanalítica del Instituto de Psicoanálisis IPAN.

Correo electrónico: lovage_16@hotmail.com

 

 

Recibido: 13 de Mayo de 2009
Aprobado: 09 de Octubre de 2009

Referencia Recomendada: Alcaide, I. (2010). Duelo y melancolía, complemento del narcisismo. Revista de Psicología GEPU, 1 (1), 25 – 31.
 

Resumen: El contenido comienza con el desanudamiento de un texto complementario al artículo del narcisismo de Freud, que es (duelo y melancolía 1917 [1915]) donde se rescata el paradigma de la pérdida de objeto narcisista, castración que es inconsciente para el sujeto y que, siendo pérdida de una elección narcisista, oscurece la vitalidad del yo, lo va enfermando y a la vez va haciendo aparecer una patología depresiva y por tanto la posibilidad de suicidio en el sujeto que sufre y carga este dolor accesorio. Luego de lo anterior y en filiación con el suicidio, entendido como una desagregación del mundo, el desarrollo del texto prosigue con la descripción del concepto de pulsión de muerte, donde se aclaran los conceptos de agresividad y pulsión de muerte. Muchas veces se entiende y cree que la agresividad es la pulsión de muerte, sin embargo, no es así, puesto que la agresividad es necesaria para la libido y por lo tanto para una parte de lo que Freud llamará en este nuevo reagrupamiento de las pulsiones, las pulsiones de vida. A propósito de esto se explica desde esta mirada que la vida empuja, impulsa hacia adelante y la muerte es una tendencia retrógrada, cuya finalidad es llegar a lo inorgánico, es decir, llegar a un estado de distensión que implícitamente se acopla con el concepto de regresión, des-unión y por último como el caos de la muerte que somos ¡castración!, un conjunto de pérdidas.

Palabras clave: Pérdida de objeto, Restitución, Des-unión, Desagregación.


 

“Toda felicidad es una quimera,
 sólo el sufrimiento es real”
- A. Schopenhauer
(Del Amor y otras Pasiones)

 

“La verdad, no sé por qué estoy tan triste.
Me cansa esta tristeza, os cansa a vosotros;
Pero ¿cómo me ha dado o venido?,
¿En qué consiste?, ¿de dónde salió?,
Lo ignoro.
Y tan torpe me vuelve este desánimo,
Que me cuesta trabajo conocerme."

- Shakespeare Antonio
(El Mercader de Venecia)
 


Para comenzar a desanudar los gérmenes del psicoanálisis, Freud en éste periodo (1915) plantea otra diferenciación en su ya consolidada teoría, introduce un elemento tremendamente importante, que es la distinción de lo que el llamó duelo y melancolía.  Lo que permitió a Freud  reabrir y construir este tema fue, por supuesto, su texto denominado Introducción al Narcisismo (1914).
 

Este artículo (Duelo y Melancolía 1917 [1915]), puede considerarse en verdad como una extensión del trabajo sobre narcisismo hecho un año antes. A propósito de duelo y melancolía, para Freud existe una condición existencial en el ser humano. Esta condición la conceptualiza este autor tempranamente como veremos más adelante con el nombre de castración. Freud nos dice que la vida misma consiste en un conjunto de pérdidas, y para él la palabra pérdida es sinónimo de castración. Que el propio Freud haya utilizado esta palabra tan terrible llamada castración tiene que ver con los temas de la percepción de los genitales entre los niños y una serie de cosas que examinaremos más adelante. Pero básicamente para él, castración significaría un conjunto de pérdidas. Por consiguiente, este camino que va desde la vida hacia el desarrollo de ésta y finalmente hacia la muerte, está jalonado de continuas pérdidas; frente a las cuales el aparato mental está generalmente preparado, obviamente, para algunas más que para otras. Por Ej., nosotros estamos preparados para la pérdida de los padres, pero no estamos preparados para la muerte de los hijos, puesto que la relación es inversa; es por esto que el duelo que conlleva la pérdida de un hijo sea de tan difícil elaboración para el aparato psíquico de los padres.
 

En este sentido Freud distingue entre el duelo propiamente tal, que significa la pérdida que finalmente es aceptada como una parte de la vida, y la melancolía, como un duelo que no se resuelve y que permanece inmanente en el tiempo, es decir, que el tiempo no pasa frente a esta pérdida. Entonces, intentando entregar una respuesta a ¿por qué pasaba esto?, Freud aventura una idea, y ésta radica en el objeto perdido, entendiendo por ello a cualquier cosa, no solamente una persona, puede ser hasta un trabajo, objetos en general, objetos de la vida, objetos del mundo, que otorgan ciertos tipos de satisfacciones al sujeto y por tanto tienen esos niveles de significación para el propio sujeto, es aquello que se pierde. 
 

En consecuencia a lo anterior, Freud pronuncia que el objeto ha sido investido, es decir, ha sido cargado libidinalmente por el sujeto, por así decir, el interés de vivir ha sido puesto en el objeto, el narcisismo propio ha sido proyectado total o casi totalmente hacia el objeto, al punto tal que el sujeto ha quedado vacío de libido, y es este objeto es el que ha absorbido totalmente la libido del sujeto; por consiguiente, cuando este objeto se pierde, es decir, se pierde el amor, se pierde el trabajo, la patria etc., objetos que son significativos para el sujeto, él pierde su libido, éste sujeto llora la perdida de su libido, y por esta razón es que Freud (1917) termina ese artículo con esta frase: “La sombra del objeto cae sobre el yo” (Pág. 246).

Esta sombra que recae sobre el yo, como que lo oscurece, oscurece completamente al yo, porque ése yo ha perdido la libido, y la libido, la entiende Freud básicamente como las ganas de vivir. En conclusión, entendiendo esto de la manera más simple, lo que el sujeto pierde, al perder este objeto narcisístico, son las ganas de vivir.
 

En la medida en que el sujeto ha puesto la libido en el objeto, es decir, libido objetal y ésta se pierde, lo que se pierde en consecuencia es la libido del propio yo. Y es justamente aquí donde se pierden las ganas de vivir y aparece la patología melancólica, o depresiva como se llama hoy en día, y muy probablemente como en muchos cuadros clínicos, puede aparecer el suicidio como una posibilidad real. Y este suicidio como posibilidad Freud (1917) lo avizora en este artículo pronunciando:

La melancolía se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí, que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo. (Pág. 242)

A diferencia del duelo, que presenta los mismos rasgos, excepto la falta de perturbación del sentimiento de sí.  Es decir “en el duelo el mundo se ha hecho pobre y vacío (por la pérdida), en la melancolía, eso le ocurre al yo mismo” (Pág. 243)

Y esto porque la pérdida del melancólico tiene como pivote una pérdida en la investidura libidinal, que está en el objeto de elección narcisista. El melancólico no sabe lo que perdió, en cambio la pérdida del duelo se apresa lo perdido por la consciencia. Con lo cual “la pérdida en la melancolía es una perdida de objeto sustraída a la consciencia, a diferencia del duelo, en la cual no hay nada de inconsciente que atañe a la pérdida” (Pág. 243)

Se podría entender que la pérdida es dolorosa en la melancolía, puesto que el sujeto ha elegido un objeto desde una elección narcisista; entonces más que una pérdida del objeto es una pérdida del yo mismo y es este mismo objeto que se pierde el que retorna al yo por identificación, pero retorna con la tristeza de la pérdida inconsciente que oscurece al  yo y  lo va dejando sin ganas de vivir, lo va matando lentamente.
 

En síntesis existe una elección de objeto, una ligazón de la libido a un objeto determinado, por obra de un quiebre en la relación con el objeto, por parte del objeto amado, sobreviene un sacudimiento de ese vínculo con el objeto. Y la consecuencia no fue la esperada, que sería el quite de la libido del objeto por un trabajo de duelo y su desplazamiento a un nuevo objeto, sino  otro:

La investidura de objeto resultó poco resistente, fue cancelada, pero la libido libre, no se desplazó hacia otro objeto, sino que se retiró sobre el yo. Pero ahí no encontró un uso cualquiera, sino que sirvió para establecer una identificación del yo con el objeto resignado (Freud, 1917, Pág. 246).

Es decir, los reclamos que justamente con buena gana se le hubieran hecho al objeto por la pérdida, son hechos sobre el yo mismo. Cuando Freud comienza a elaborar la pérdida de la libido, transformada en patología melancolía, a él se le origina la impresión que el yo placer mencionado anteriormente, queda colocado como un yo displacer. Este yo displacer es entendido como el yo de la vida del dolor, por tanto es un yo masoquista.

En consecuencia, los aspectos del narcisismo son sanos, es decir, sin tener investidura narcisista los sujetos estarían deprimidos siempre, no se podrían concebir las cosas de la vida cotidiana. Así, la investidura narcisista es necesaria para la vida. En este yo placer que inviste de su libido a un objeto que desaparece, que de alguna manera se pierde, se transforma  en un yo displacer, en un yo masoquista, y este yo masoquista se conecta con la muerte. Es decir, con esto Freud introduce la muerte como existencia en el inconsciente y por tanto genera en éste periodo un gran giro teórico, con lo cual comienza a reformular un reagrupamiento de las pulsiones, introduciendo el concepto de pulsión de muerte.
 

La Pulsión de Muerte

Sólo previendo mi muerte percibo mi finitud
como irremisible y hago de esta anticipación una
capacidad de referirme y dirigirme hacia el
 final, pero también en mi dolor está ya
 presente, lo que por ser mi futuro es mí
verdadero presente, la verdad de mí
 muerte que soy”

- H. Mujica (monje y poeta argentino)
 


Comenzaremos aclarando los conceptos de agresividad y  pulsión de muerte.  Muchas veces se entiende y se cree que la agresividad es la pulsión de muerte, pero no es así, puesto que la agresividad es necesaria para la libido y por tanto, es parte de lo que Freud llamará nuevo reagrupamiento de las pulsiones,  las pulsiones de vida (Eros). Por Ej., a veces es necesario golpear a alguien para seguir viviendo, o el acto de comer, que es una conducta que desgarra, por tanto agresiva, lo que está  a la base es seguir viviendo, etc. Lo que sucede es que la agresividad sí puede ser una manifestación de la pulsión de muerte. En realidad, según Freud, es que la pulsión de muerte tiene que ver con una tendencia a volver a un estado anterior, es decir, una tendencia regresiva. Por esto recién en (1919-1920), Freud comienza a darle forma real al concepto de regresión. Y nos propone que las pulsiones, particularmente la pulsión de muerte, tienen un carácter regresivo y que dicha pulsión tiene la necesidad de restablecer un estado anterior.

Desde esta mirada, la vida empuja, impulsa hacia delante; y la muerte es una tendencia retrógrada, cuya finalidad es llegar a lo inorgánico, es decir, llegar a un estado de distensión. Vale decir:

Ha de ser más bien un estado antiguo, inicial, que lo vivo abandonó una vez y al que aspira regresar por todos los rodeos de la evolución. Si nos es lícito admitir como experiencia sin excepciones que todo lo vivo muere, regresa a lo inorgánico, por razones internas, no podemos decir otra cosa que esto: la meta de toda vida es la muerte; y, retrospectivamente: lo inanimado estuvo ahí antes que lo vivo. (Freud, 1920, Pág. 38)

Y éste estado, que se puede comparar con el estado de nirvana, pero que en la realidad no existe, pues lo que sí existe es que en la medida que la pulsión de muerte realiza su actividad, lo que va haciendo es descomponer los agregados de la vida, entonces, lo que hace la pulsión de muerte es provocar desagregación, y al hacerlo, aquello que fue orgánico, es decir, que estaba constituido como organización determinada se va transformando en el caos y por consiguiente, en la oscuridad de la muerte.

En Más Allá del Principio del Placer (1920),  Freud plantea que para que la vida pueda mantener los agregados vitales, debe haber movimiento; y movimiento en psicoanálisis significa conexión entre los objetos, entre ellos, desde el psicoanálisis, también es la conexión sexual. Con lo antes mencionado Freud saca algunas conclusiones; primero, que la vida es un accidente; y segundo, la muerte es previa a la vida; y entonces, por consiguiente, el odio viene antes que el amor.  Así, cabe preguntarse ¿Por qué el odio está vinculado a la muerte?  Es porque el odio realiza el mismo trabajo que realiza la muerte. Digámoslo así, el odio es una manifestación de la muerte, pues realiza el desagregado de la vida.
 

La muerte entonces  va generando desagregación, y con ello va generando a su vez un proceso de regresión.  Por Ej., supongamos que existe una pareja que vive feliz, en la medida que se puede ser feliz, pero mediante los conflictos esta pareja se separa, lo cual sería un desagregado de la vida  Entones, al existir una desagregación, quiere decir que en esta pareja se introdujo a la muerte, llevó a los dos miembros de la pareja al estado anterior, cuando no eran pareja; es decir, a la soledad, a un estado antecesor, a una regresión propiamente tal.  Regresión hacia la soledad, pero una soledad con la carga, con la sombra del objeto perdido, con la nostalgia, la carga de la nostalgia en la soledad. Pero si continuamos con el ejemplo, va existir otro desagregado más, pues al introducirse la muerte en el accidente de la vida, la va corroyendo, la va enfermando, la va desviando, por así decirlo, del objetivo. Entonces, si una de aquellas personas del ejemplo que estamos analizando, se separó e intenta tener otra pareja y se separa nuevamente y así siempre,  llegará a un punto tal en que la soledad será tan potente y las cargas nostálgicas que ha tenido que recibir su aparato mental, pueden ser tan terribles, que la persona se elimina a sí misma, es decir, se desagrega del mundo, se separa del mundo y vuelve a un estado inorgánico anterior. La característica que tiene este estado de distensión, es ser una distensión, pero sin vida, que Kierkeggard citado en Cataldo (2005) denomina “silencio de la muerte”,  o a lo que también A. Green citado en Brito (2000) ha llamado el “trabajo de lo negativo”, el trabajo de desobjetalización propio de la  pulsión de muerte.

Muchas de estas cosas que especula Freud con la pulsión de muerte parecen obvias, pero más allá de eso, desde el punto de vista clínico, son muy importantes, puesto que en pacientes que sufren algún tipo de dolencia psicológica se puede escuchar  la muerte, y una de las capacidades que debe lograr un terapeuta es aprender a escuchar  la muerte. Y, ¿Cómo se escucha a la muerte? Si el mismo Freud dice la labor de la pulsión de muerte es silenciosa, justamente se puede escuchar el sonido de la muerte en los silencios de los pacientes, donde no hay alternativa, donde el silencio instala a la muerte.

Estos son los elementos interesantes desde el punto de vista clínico que ofrece Freud con el concepto de pulsión de muerte. Otra forma de observar la muerte en los pacientes es observar la repetición. En su actividad psíquica la muerte es repetición, es ahí donde Freud acuña el concepto de compulsión a la repetición, la repetición es la que provoca el desagregado de la vida, puesto que uno repite cosas de tiempos anteriores, regresivos. La compulsión a la repetición, está presente en todos los sujetos, siempre se intenta repetir la experiencia anterior.
 
Es decir, nos desagregamos, puesto que repetimos un estado en el cual estábamos solos. Aquello que nosotros hemos construido a veces queremos destruirlo. Y esto, como dice Freud, no es pura especulación, sino uno de los avances psicoanalíticos más importantes.

Referencias

Freud, S. [1915] (1917). Trabajos sobre metapsicología, duelo y melancolía. Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu.

Cataldo, G. (2005). Verdad e interioridad en Kierkegaard. En: http://www.observacionesfilosoficas.net/verdad.html
 

Brito, R. (2000). El fin del siglo XX, el psicoanálisis y el nuevo malestar en la cultura chilena actual. En: http://www.geocities.com/cielenses/brito_2000.htm
 


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