REVISTA DE PSICOLOGIA -GEPU-
ISSN 2145-6569
IBSN 2145-6569-0-7

   
 
  Deseo y Necesidad de Mundo: Del Muro al Abismo

Deseo y Necesidad de Mundo: Del Muro al Abismo

Desire and Necessity of World: The Wall into the Abyss

 Miguel Alberto González González
 

Director Maestrías Educación Facultad Ciencias Sociales y Humanas Universidad de Manizales, Director Revista Plumilla Educativa Universidad de Manizales, Docente Universidad de Manizales-Colombia, Licenciado en Filosofía y Letras, Magister en Educación-Docencia, Doctorando en Conocimiento y Cultura Latinoamericana – IPECAL-México, Doctorando en Ciencias de la Educación Universidad Tecnológica de Pereira-Colombia.

Correo electronico: miguelalbertogonzalezg@yahoo.com, miguelg@umanizales.edu.co


Recibido: 1 de Marzo de 2010
Aprobado: 2 de Junio de 2010

Referencia Recomendada: Gonzales, M. A. (2010). Deseo y necesidad de mundo: del muro al abismo. Revista de Psicología GEPU, 1 (3), 88 - 101.
 

Resumen: El deseo y la necesidad de mundo pueden indicar límites y horizontes del sujeto. La verdad y su validez universal y el deseo que rompe los límites nos ponen en suspenso, tiene algo de universalidad mientras que la necesidad pregunta por lo que no se posee y se mueve en los límites. Se anuncia a Job en la intersección deseo, necesidad y paciencia, comprendiendo que esta triada se equilibra en los grandes hombres. Como puerta o salida a los límites se esbozan elementos lingüísticos que den cuenta de varios horizontes sin llegar a la ingenuidad de no ver las fronteras. El cuerpo es deseo, apetencia, pero también abulia y abandono, sólo un sujeto que logra leer los límites perfila sus horizontes que no sobrepasan los intereses individuales en deterioro de los colectivos. El mundo está abierto, el cosmos se brinda, es el hombre que rompiendo los límites se atreve a encontrar horizontes. La puerta como metáfora a la curiosidad nos entrega un mundo por explorar, una aventura por venir que horadan aquellos muros que parecen negarle una oportunidad al sujeto. Bien se trate de puertas,  ventanas, escaleras o alas, el muro siempre estará en riesgo de ser superado y el ser humano estará en riesgos ya no frente al muro sino frente al mundo que se le abre, tal vez, un abismo que es, si así se quiere, otra oportunidad.

Palabras Clave:
Deseo, Necesidad, Ciencia, Límite, Horizonte, Sujeto


Abstract: The world desire and necessity can show limits and horizons of the subject. The truth and its universal validity, the desire that breaks the limits put us in apprehension, desire has something of universality whereas the necessity asks reason why it is not controlled and it moves in the limits. Job is announces in the intersection desire, necessity and patience, understanding that this balances in the great men. As door of exit to the limits, it is given outlines linguistic elements that provide several horizons without arriving at the cleverness from not seeing the borders. Te body is desire, hunger, but also loss of energy and abandonment, only a subject that manages to read the limits can see his horizons that do not exceed the individual interests in weakening of the groups. The world is open, the cosmos offers, is the man who breaking the limits dares to find horizons. The door as metaphor to the curiosity gives us world for discover an adventure to come that drill those walls that appear to deny a chance to the subject. Whether is doors, windows, stairs or wings, the wall will always be at risk of being overcome and the human being is at risk yet not against the wall but to the world that opens, perhaps, a gulf that is if you want another chance.

Key Words: Desire, Necessity, Science, Limit, Horizon, Subject.


CRÍTICA Y LIBERTAD


“La libertad no tiene más límite que el saber”
Estanislao Zuleta


Es claro que no logramos concebir lo absoluto de ninguna expresión, tanto así que a la libertad le fijamos límites y al saber se le establecen requisitos; es probable que el saber limite con aquello que no es saber y en su exceso de horizonte puede tornarse en un agujero negro, frente a ese riesgo demandamos o sino inventamos las fronteras para estar un tanto más cómodos. La crítica puede asistir al sujeto en el apremio de debilitar los muros y de desplazar los límites.

Ahora, quien tiene el gusto por lo absoluto renuncia a la felicidad. Cierto es que a la felicidad se renuncia de múltiples formas, por no conocerla, por no buscarla, por abandonarla, por depositarla en el pasado o instalarla en el futuro, esto por no decir que aún no sabemos qué es felicidad ni cómo se llega a esa etapa.

Deseo y necesidad son dos estados de ánimo que acompañan al hombre, pero cuya relación se construye de los modos más curiosos que no siempre acuden a la lógica, el anhelo de felicidad sucumbe en las garras de la codicia, cuando no en las redes de la impericia. La libertad del hombre emerge en aparente contrariedad, puesto que el sujeto está sujetado a su entorno, a su condición, a sus carencias, por no decir a sus insuficiencias. La escuela de Frankfurt hincó sus esfuerzos en la emancipación humana, en la búsqueda de la libertad como una constante exigencia al hombre para reconocer las cadenas y las falacias de la modernidad con sus promesas. En el libro Modernidad líquida (Bauman, 2000, 31) avanza al respecto “el principal objetivo de la Teoría Crítica era defender la autonomía humana, la libertad de dirección y autoafirmación y el derecho a ser y a seguir siendo diferente”. Bien es cierto que la respuesta venida del poder político se encamina a homogenizar, lucha por unificar, por imponer unos estilos, mientras los poderes económicos, los que vienen designando el rumbo de la sociedad, hacen todo lo posible por restringir la liberad humana; sin demora, se hicieron al derecho de diseñarle a la sociedad el devenir, arropados en su universalidad deciden los productos a ofertar e incluso el tipo de enseñanza que se debe impartir al niño, marcando así el futuro mediato e inmediato de la humanidad. Para quienes ostentan el dinero y el poder político, la crítica no se reconoce, se relega o desdeña; aprendieron a presentar falsos informes con estadísticas manipuladas, maquillan aquellos aspectos que representen riesgos a sus propios intereses, mientras el sujeto perdido en la información y la propaganda no logra distinguir las cadenas, y al no identificarlas difícilmente sentirá la necesidad de emanciparse, de rebelarse contra aquellas formas grotescas que le plantan desde el afuera.

La libertad se conquista desde la precariedad, se conserva frente a los riesgos y se amplía cuando hay grandeza de humanidad. Esto que se dice con cierta facilidad no tiene fórmulas, siempre existirán circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales que no dejan signar una ruta en particular, sólo un sujeto con necesidad de mundo lo entrega todo por conquistar la libertad día a día y la reconquista cuando se pierde del horizonte. Podría decirse que la mayor libertad de un hombre es la de contradecirse.

De un plumazo, Borges nos resuelve bastantes dudas “otro cielo no esperes, ni otro infierno”. Este pensador nos esclarece que los límites y los horizontes no es ni el cielo ni el infierno, sino nuestra creencia que lo perdido en esta existencia lo podremos recuperar en otro lugar, un lugar que no existe. Si libertad se quiere, la crítica es el camino; si libertad se tiene, la crítica se erige para no dejarla extraviar. De alguna manera, se podría sostener que se es libre en la crítica y esclavo en el conformismo.

DESEO DE VERDAD Y VALIDEZ UNIVERSAL: LÍMITES Y HORIZONTES

El deseo científico de que su conocimiento tenga validez universal es tan cuestionable como las verdades que pretende develar, puesto que la universalidad de un saber viene dado por circunstancias de tiempo, espacio, energía y materia, que no puede burlar las implicaciones históricas, éticas, jurídicas, estéticas, religiosas, políticas y económicas del momento. Es si honesto especificar que al entender la verdad como la adecuación entre el entendimiento y la realidad, se da un paso significativo para no pretender universalizarla. Las pretensiones de generalizar, aprendidas de las religiones monoteístas y las filosofías aristotélico-platónicas, se trasladaron a la ciencia, tal vez, porque lo plural le suele incomodar al poder, le suele fastidiar a quien quiere controlar, a quien cree tener un conocimiento. Universalizar es un buen camino para controlar y, claro, para someter.

El riesgo emerge en muchos sentidos, sin embargo se agudiza desde un pensar a ultranza o sectorial; en el primer caso agudiza una pretensión de complejidad, mientras en el segundo se resigna un sólo camino: “En el trasfondo de la catástrofe, entonces, están un pensamiento mutilado, reduccionista, y una inteligencia ciega; el pensamiento mutilado, reduccionista, excluye la contradicción, es mecanicista y determinista, unicausal, no es racional, sino racionalizador. La inteligencia ciega excluye la mutidimensionalidad” (Guarín, 2004, 95). Un abstraerse de lo dicho es un caer en los bajos mundos de a imaginación; ello se materializa cuando algunos monstruos han subido al poder, a partir de ahí la catástrofe va adquiriendo forma, las normas son suplantadas, el lenguaje se empobrece, el populismo emerge como salvación, los restantes recortan, reducen su pensar; el horizonte se niega para la mayoría y se constituye para unos cuantos.

La dialéctica de lo universal es incompleta, pues pretende darle autoridad a la verdad como conocimiento universalmente válido; sin embargo ese deseo y necesidad de mundo es tan frágil que no resiste demasiadas censuras; tal pretensión humana tampoco se aleja de aquellas quimeras literarias que han querido ubicar un mundo mejor arropados en la idea ingenua de que el ser humano se comportará según lo previsto en manuscritos y que nada fallará en ese proceso de ejecución.

Hablar de algo universal es pretender darle crédito a la verdad y como sabemos, en la posmodernidad, todos los criterios de verdad, los dogmas, las concepciones económicas, los postulados políticos y el sueño de progreso que nos traería consigo la felicidad entraron en crisis, mostrando con ello que aquellos ideales de un mejor devenir colapsaron, murieron desde su misma construcción lingüística. Ello ratifica el supuesto, antiguo por demás, de que la verdad sobreviva en el tiempo perdió cualquier rigor; entonces la ciencia, si es que tenía alguna pretensión de universalidad, fracasó en su intento, su verdad no superó los propios linderos de su edificación, ni siquiera, su opuesto, la mentira, logró universalidad, pese a sus atractivas didácticas.

Los científicos serios saben que construyen conocimiento por un período y espacio cuyo ámbito está siempre en movilidades; ya en ciencia nadie habla de un saber para todo el mundo, los límites se reconocen, se piensa en un saber que se ajusta a unas circunstancias que ante cualquier variación, pierde su importancia o incluso su posibilidad de aplicabilidad, exigiendo una auto-revisión permanente para no perder el horizonte, “así, el conocimiento científico es reflexivo: requiere volver sobre sí mismo para reconocer y justificar su certeza”, (Llano, 1983, 52). Si dicho conocimiento no se regresa en sí, no tendrá ninguna opción de ser científico, su idea de universalidad no podrá ni ser pensado, pues no se reconocieron los límites y horizontes, ni mucho menos la necesidad de mundo, que se condensa en una preocupación por la humanidad.

La física y la matemática, denominadas ciencias exactas, han venido reconfigurándose en sus dinámicas internas, pues la cuántica y otras teorías han establecido que no todos sus presupuestos se cumplen; la física cuántica ha revolucionado y sigue revolucionando cualquier concepto sobre los cuerpos y las leyes que los rigen en sus movimientos, es como si las disciplinas reclamasen al mundo sus necesidades.

El horizonte de las teorías, cuyas hijas son la ciencia y la técnica, continúan en constantes vaivenes. En ciertas situaciones una teoría antigua no tiene validez, pero en otras es totalmente aplicable. Los productos tecnológicos no siempre tienen la misma suerte, ni la misma aplicabilidad; algunas comunidades los aceptan y comprenden, mientras en otras el rechazo es absoluto o es inviable en su ejecución. Igual suerte corren las teorías sobre seguridad, las investigaciones científicas sobre la salud y otras tantas formas de conocimiento que sólo sirven en un momento y lugar específico, su mundo de acción llega a lo justo, al límite.

DESEO

El deseo es una propensión humana de burlar el presente para precipitarse en la esperanza ¿Cuáles serán los límites de la esperanza? En la imaginación todo es posible, ahí los límites no existen, se pueden dar estados de ánimo de desesperanza, pero en algún momento se reconoce el devenir; mientras en la práctica los linderos se hacen notorios. El esperar corresponde a una categoría de tiempo que reclama paciencia.

El deseo y la necesidad de un futuro mejor nunca estuvieron tan mal referenciados como en el siglo que nos precedió; en pleno siglo XXI los deseos se confunden con las necesidades se alargan, deseamos de todo así no lo necesitemos o ni tengamos claro su valor de uso; a su turno los límites continúan en su lugar.

El esfuerzo pasa por arriar las ideas repetidas, las cargas semánticas del discurso no pueden reducirse a experiencias metafísicas. Se llegan a confundir los deseos de un gobierno mejor, de una educación más libertaria, de una sociedad menos controlada con la verdadera necesidad de que ello suceda. Buscar respuestas que no dejen dormir las preguntas, lejos de ser deseo, es una necesidad.

NECESIDAD

Ningún hombre es superior a su conversación, denuncia un verso, y parece que tiene mucho de validez. El heroísmo humano por ir más lejos con las palabras que con los hechos nos ha puesto en seria desventaja con el vivir y comprender el presente. Quizás, por ello, nos inventamos el futuro, para tratar de cumplir, de materializar la impotencia del sujeto frente a su presente, sin desconocer que el tiempo vital del hombre es el futuro.

¿Qué nos pasa con nuestros deseos de justicia frente a la necesidad de volverla realidad? Una respuesta puede estar en la educación, puesto que todo enseñante debe donar un genuino sentido de realidad, buscando que el conocimiento no sea depósito sino río y, en tal sentido, se requiere la configuración de un sistema educativo flexible y adaptable a las condiciones culturales, en procura de evitar la copia de modelos aplicables a otros escenarios sociales, formatos que son elaborados por cofradías extranjeras. Otra aproximación para resolver el interrogante recae en la política, puesto que las exigencias éticas le piden ponerse a la altura de los tiempos, a no ceder su responsabilidad por espejarse en situaciones menores o que en nada apunta a resolver las injusticias sociales que son tan comunes en los países tercermundistas.

Necesidad, a manera de motivación o cicate, es lo que propone (Zemelman, 1998, 38) “Asumir la necesidad es un acto de conocimiento y de voluntad relativo a lo que significa saber y querer estar en el momento presente abierto a sus demandas”. Se comprende la necesidad como un acto de conciencia para llegar a lo deseado, cuando se despierta del letargo se palpan las necesidades que van desde el interés social hasta el individual, sin olvidar que interés viene del latín inter-esse, estar entre, en un llamar la atención, es un atraer a los sentidos que implican al sujeto, de ahí la necesidad.

JOB: DESEO, NECESIDAD Y PACIENCIA

Si alguien comprendió los límites y horizontes del deseo, la necesidad de mundo y la desaparición de sus conquistas fue el bíblico Job, quien mostró la verdadera madurez de un hombre, el convencimiento por encima de todo capricho por nefasto o favorable que esta fuera. A esto nos indica (Calle, 2008, 221) “Job, quien habla y puede hablar por cualquiera, por todo hombre que sufre y asume con paciencia y con sabiduría su tragedia, su desgarramiento interior”. Esa paciencia es la que aún no distanciamos del deseo y de la necesidad. De Prometeo a Pandora, de Job al Odiseo, de Descartes al Quijote, de Derrida a Ciorán, de Gandhi a Hitler, en todos ellos existe un paso, un salto de enormes consideraciones. Job lleno de tranquilidad frente a la adversidad; a cambio el Odiseo desesperado y negándose a cumplir los designios de los dioses. Descartes dudó de todo para llegar a la certeza, mientas el Quijote con sus certezas ponía a dudar a todos. Gandhi con su paciencia y bonhomía humana se alejaba de Hitler quien pretendió imponer una forma de pensar, de actuar y, ante todo, de instaurar una raza superior.

De Job aún debemos seguir aprendiendo; aquel hombre que cierto día Dios puso como objeto de sus apuestas, supo defenderse, el capricho divino lo entregó al demonio, veleidades propias del poder - lo trató no como sujeto sino como prenda -, pese a los sufrimientos que fue sometido, el inefable Job, no se dejó vencer; su grandeza consistió en mostrarle a su hacedor que sus convicciones eran superiores, estaban a prueba de todo; allí el deseo y la necesidad se conjuntaron para forzar los límites y avanzar al horizonte. Más adelante en el texto Palabras de pan duro de Andrés Calle desencadena las perspectivas del hombre al referir que quien tome la ruta de Job podrá asomarse a la periferia, a la diferencia, a la sed y al deseo, al desprendimiento, a la soledad, a las contrariedades y al sacrificio, de manera diáfana, coherente y sin perder la paz.

La tarea que esta macabra apuesta nos sugiere es reveladora, exige apertura, un abrirse a lo desconocido, el comprenderse sin compañía, pero sin perder del horizonte al congénere; es una reivindicación del que decide, pese a los vientos de guerra, jugársela por la paz, entregarse sin andar culpando ni juzgando a los demás, que de por sí es un acto de altísima humanidad, hay que ostentar grandeza de humanidad para no ceder a la tentación de acusar a la sociedad o al mundo de las paradojas de estar vivos.

LÍMITES Y HORIZONTES
   
¿Cuál es la profundidad y la altura de los límites y de los horizontes? Sabemos que la pregunta supera las nociones de ubicación espacial, puesto que alturas y profundidades tienen sus puntos cardinales. El orden de enunciar sugiere una actitud sicológica, entender el límite en primera instancia para abrirse a los horizontes más que deseo es una necesidad. Cuando se logran reconocer los contornos, los muros, los obstáculos, todos diferentes, pero con finalidades similares de obstruir la mirada e impedir el paso del cuerpo, es posible emprender acciones para debilitarlos.

El destino, el factum de Job, su futuro escrito en el pasado, designado por quien tiene el poder, planta la paradoja de las religiones que enfrenta a los hombres, de una parte a soportar una ruta descrita, señalada, y de la otra para liberarse de aquello que no le agrada. Job acepta ese destino con una gallardía a prueba de tentaciones, con la ambición de ser vencido, pero salir victorioso al final del drama. Ahí se opone al destino, mostrando que la rebeldía no implica ser predador o violento. Es probable, no lo dice el escritor, que Job supiese su destino, sin embargo lo afrontó con una madurez de superhombre: nos dijo a los humanos aquí estoy, estos son mis límites, pero también desde ellos se constituyen horizontes.

No en vano nos expresa (Maffesoli, 2004, 87) “El límite no puede entenderse más que en función de la vida errante”. Esa deambular es para no quedarse atrapado en las barreras y, cual nómada, ir en pos de los horizontes inéditos.

Las fronteras hay que reescribirlas para desalojar la falsedad; es probable que se establecieran con justificadas razones, motivaciones en un principio económicas de poder que luego se perpetuaron en la confusión entre fines y medios. En la postmodernidad los mismos intereses económicos hablan de abrirse al horizonte, es como si la visión del comercio fuese superior a los sueños del sujeto; los horizontes no son los destinos ni las escrituras que del afuera nos hacen, son los venidos del ser que potenciado opta por buscarlos, deconstruirlos, reescribirlos y reinventarlos.

¿Quién se abre el horizonte? Aquel que sabe de sus límites, quien se ve como página por copiarse y no en libro redactado, para desde el vacío plantar la semilla del fruto por venir. Aprender a confrontar lo establecido, el orden es un arte, ya que la sociedad adora el orden, de lo cual nos advierte (Bauman, 2000, 61) “El orden significa monotonía, regularidad, repetición y predictibilidad”. Desde luego que la modernidad no se comprende sin el orden, cuyos horizontes y límites han sido impuestos, estandarizados, pero sin renovarse; sabemos que el orden ve en el caos a un enemigo más que una oportunidad, ese es su límite; su horizonte, no tan loable, es instaurar un orden superior, un megaorden, hiperorden o supraorden.

La caída de la modernidad se materializa en las dos grandes guerras mundiales del siglo XX, pero se inicia en la revolución francesa, cuando a nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad la razón se endiosó para cobrar con muertes el posicionamiento del imperio de la razón. Moderno es entonces el que predice y le apuesta al control, incluso a una felicidad racionalizada, maquínica y especializada. Aunque cargamos con el cadáver de una modernidad que se sobrepuso en cinco siglos, lo estremecedor es que aún no sabemos qué hacer con el cadáver.

Para su mal gobierno, Ícaro, buscando la libertad, pierde las nociones de espacio-tiempo, por ello es que se desprende de las alturas, no distinguió los límites, no los intuyó, al creer con ceguera en el horizonte; no pre-vió  que sus alas no resistirían, cedieron al exceso de ilusión; el cuerpo pagó con la muerte su osadía o, tal vez, cierta inocencia de sí le hizo fracasar los anhelos de gobernar el destino. Perder el horizonte es acercarse al espejismo. Entonces, las caídas se registran por no leer el presente con celeridad, por la poca pre-visión de distinguir los deterioros de aquellos elementos que soportan una estructura física o teórica. Las grandes miopías o las sorderas consentidas son fronteras evidentes, entendiendo que los fantasmas, ni sordos ni ciegos, corren los límites que los humanos no hacen o intentan. Fantasmagóricas son las decisiones económicas, militares, políticas y educativas, puesto que en su desarrollo nadie da cuenta de las mismas, no tienen un sujeto visible para interrogársele y cuando existe la respuesta es evidente: no se puede modificar. Esos límites tienen sus profundidades y alturas que se contrarrestan con horizontes expandidos.

LA PUERTA. EL PASO DEL MURO AL ABISMO


La puerta podría ser un ornamento, podría cerrarse y ser más difícil de sobreponer que el muro mismo, es decir, no por elaborar puertas el muro está superado. De otra parte, al abrir la puerta se podría encontrar algo peor que el muro mismo y es un abismo, no sólo el abismo físico, sino el abismo del ser, el abismo de sí mismo al encontrarse con algo no esperado, al encontrarse con una amenaza, en apariencia, igual o superior al muro.

Establecidos los límites o las cercas, nos quedan las ventanas y las porterías como posibilidad de asomarse al horizonte; la caverna platónica estima una salida a la luz, un abrir la puerta; lo que sucede es que, a veces, ni sabemos dónde quedan las puertas, pues el límite y la morada con sus muros nos libran de los peligros externos. Para ello requerimos:

•    La  ciencia como conocimiento universalmente válido es un deseo humano que cada vez tiene menos adeptos y la realidad nos esclarece que cualquier teoría que hable de universalidad no es más que un acto de fe y la fe, por bastante que se discuta, no se comprende con la razón, puesto que ambas tienen sus propias lógicas para construir, reconstruir, deconstruir e imaginar el mundo, principios, en apariencia, suficientes para no articularse.

•    La ciencia requiere explorar el deseo y la necesidad, identificarlas en sus límites y horizontes.

•    La necesidad nos indica que la investigación es el paso obligatorio de la ciencia, que precisa el seguimiento de unos métodos o formas para llegar a certezas, que tampoco son universales, pues los recorridos incompletos pueden dispersar el horizonte.

•    El deseo de ciencia no puede desprenderse de la realidad, ya que hacer ciencia es vivir en la duda, andar en búsquedas sabiéndose que tras de toda verdad  existen otras tantas y que, las no verdades, no necesariamente son mentiras.

•    Para que un conocimiento llegue a ser válido o al menos honesto: es indispensable incluir al sujeto, no asentir que el ser humano se pierda de vista.

•    Ver en Job el hombre que no somos, pero que podremos incorporar. Incorporar es de afuera hacia adentro, es aceptar la llegada de la externalidad, incluso de aquello que nos pone en dificultades, que nos desagrada.

•    De lo complejo a lo perplejo no hay muchos pasos, de lo simple a lo insubstancial tampoco es mucha la diferencia, pero lo complejo es la opción de ver lo simple para reunirlo en unos corpus mayores. El límite y el horizonte tiene complejidad que no puede dejarse llevar hasta la perplejidad.

•    Sabido es que no existe silencio que no haga ruido; si ya conocemos la externalidad de las cosas, sus fronteras y perspectivas, preguntemos  ¿cuál es la intimidad del ruido y cuál la del silencio? Esto para encontrar sinfonías que nos acompañen a viajar hasta los horizontes.

•    No hay un único horizonte como tampoco un límite en solitario, aparecen los de índole físicos y psicológicos, reales e imaginarios; distinguirlos es un paso para abordarlos.

•    Nos falta bastante para llegar a la certeza y ni se diga de lo que representaría la posibilidad de un conocimiento universal del cual seguimos en deuda, puesto que los deseos superaron la realidad.

•    No preexiste un destino pactado, sellado; escribirlo es una necesidad, una urgencia que el hombre no puede aplazar. Los grandes libros del monoteísmo ya no resuelven las ansias de la humanidad.

•    Es preciso reconocer los límites y horizontes de la verdad, puesto que nos abre la puerta a lo desconocido, nos cambia el camino y no basta con un puente.

•    El pensamiento recortado, controlado, especializado y depurado es importante para las lógicas burocráticas, para apostarle a las máquinas, pero no es suficiente para identificar el caos y desbordar el orden.

•    Es improrrogable comprender que los límites del sujeto son los horizontes de quienes detentan y abusan del poder.

•    En el orden convergen los proyectos de la autoridad, en ella reside la idea de imponer; por ello diverge de los sueños humanos.

•    Reconocer que los horizontes del sujeto le plantan límites a la dictadura de la hegemonía.

•    Las caídas, como último ciclo de un proceso, son siempre un requerimiento por la renovación.

Uno de los textos más apasionantes de la Biblia es el Génesis junto al Apocalipsis, ahora, en ambos libros el desorden es la regla y el orden la anormalidad, Dios, al principio, hecho un desorden y, luego, desordenado por los hombres al final de los tiempos; la paradoja es evidente, podría ser que nos acomodamos a las normas por necesidad social a modo de impostura, pero buscamos el desorden por instinto individual a modo de postura vital ¿Cuál es el término de articulación entre orden y desorden? Bien podría ser un sujeto con necesidad de deseo, superando límites y diseñando horizontes, un sujeto con menos lamentaciones y más provocaciones.

Lo dado nos agrede como a priori, el deseo y la necesidad de mundo como a posteriori, por supuesto, pasan a otra dimensión cuando el sujeto comprende que no es suficiente con lo entregado, con lo reglado,  y que para superar los límites precisa de portones, de ventanas que nos enseñen los horizontes.

De seguro, que si la certeza es un estado mental de dominación cuya consecuencia es adherirse a la verdad, precisaremos de mayor flexibilidad para revisar aquellos conceptos que nos pueden estar circunscribiendo, para recuperar o reconocer desde el lenguaje algunos ruidos que imponen miedo, haciendo que los horizontes se desvanezcan frente a la verdad que, por ser singular, siempre ha pretendido ser universal, y no es de olvidar que cualquier universal es reduccionista o cuando menos falaz.


“La certeza es el estado de la mente que se adhiere
firmemente y sin ningún temor a la verdad”.

 

- Alejandro Llano.


REFERENCIAS


•    Altarejos, Francisco (1991). Ciencia. en: Filosofía de la educación. Madrid: Dykinson.

•    Arendt, Hanna. (1996). La construcción humana. Barcelona: Paidos.

•    Bauman, Zygmunt (2006). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo  cultura económica.
 
•    Borges, Jorge Luis. (1984). Ficciones. Bogotá: Editorial Oveja Negra.

•    _______________. (1980). Antología personal. Barcelona: Editorial Bruguera.

•    Calle Noreña. Andrés (2008). Palabras de pan duro. Manizales: Hoyos editores.

•    González, González, Miguel A. (2008). Horizontes de la praxis didáctica. Universidad de Manizales-Colombia.

•    __________________________. (2006). Visión de filósofos y literatos sobre el devenir de la universidad. Universidad de Manizales-Colombia.

•    Guarín Jurado, Germán (2004). Razones para la racionalidad en horizonte de complejidad. Manizales: Universidad de Manizales.

•    Llano, Alejandro. (1983). Gnoseología. Pamplona, España: Eunsa.

•    Lyotard, Jean-Francois (1998). Charlas sobre el tiempo. Buenos Aires Manantial, SRL.

•    Maffesoli, Michel (2004). El nomadismo. México: Fondo de Cultura Económica.

•    Mayor, Federico y otros. (1998). Los Derechos humanos en el siglo XXI. Paris: Unesco.

•    Melich, Joan Carles. (2001). La ausencia de testimonio. Ética y pedagogía en los relatos del holocausto. Barcelona: Anthropos.

•    Sánchez Fajardo Silvio (2004). Diálogos imperfectos. Pasto, Nariño: Ediciones universidad de Nariño.

•    Zemelman, Hugo (2002). Necesidad de conciencia. México Editorial Antropos.


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